Colores, emblemas y consignas viven desde casa un primero de mayo diferente. Los pequeños no desfilan con sus padres, porque el resguardo de la vida también está de celebración.
Porque la casa es la plaza, este día del proletariado apostamos por quedarnos en casa. Entonamos el himno nacional, engalanado nuestro portal con la bandera cubana, hacemos Cuba y compartimos alegría; sí, porque aún en tiempos de coronavirus continuamos con la esencia que nos caracteriza, la que nos hace cubanos: ser felices.
Hoy no habrán apretones de mano entre los amigos, no compartiremos cuentos antes de que nos toque desfilar, no tendremos la consigna activa de un colectivo que defiende el patrimonio camagüeyano; pero sabemos que todos juntos estamos unidos por un sueño: la vida.
Hoy los trabajadores en todo el mundo unirán sus deseos de celebrar, de marcan en el calendario un primero de mayo único, donde las calles no se colmarán de la familia unida; pero tampoco lo hará el silencio porque desde cada casa estará presente la satisfacción de celebrar en familia, el día del proletariado mundial.


