Asistir a un ensayo de su última obra fue un privilegio, pues tuve la fortuna de recibir una función o estreno particular. ¡Qué lujo, verdad!
Fue así, una de estas mañanas en que el grupo de Teatro Guiñol ensaya para los niños su nueva producción:“Un Duende para Cenicienta”, bajo la dirección del actor y director de espectáculos,Jesús Vidal Rueda Infante, o para quienes hemos podido trabajar con él… solo Rueda.

Preludio…
Día Internacional del Teatro.Las luces se encienden no solo sobre los escenarios, sino sobre una carrera que brilla al convertir cada ensayo en un acto de fe y cada función en un latido de almas compartidas.
Jesús Rueda Infante, celebra el próximo añocincuenta abriles de entrega ininterrumpida a ese arte efímero que se escribe en plantillas de medias o descalzo sobre el tablado, con el cuerpo, la voz y el aporte colectivo.
Quien lo ve ahora ensayar en la sede del Teatro Guiñol —con la minuciosidad con que pule cada detalle— no podría imaginar que aquel muchacho que estrenó su primera obra hace medio siglo, en la Isla de la Juventud, sigue conservando la misma chispa, esa que no se aprende en ninguna escuela sino que nace del talento y el buen gusto.

Porque la trayectoria de Rueda Infante es también la historia viva de las artes escénicas en la Ciudad de los Tinajones: una trayectoria que ha transitado por las calles, las plazas,la comunidad, los grandes teatros y hasta los espacios más insospechados, siempre con la convicción de que el teatro es, ante todo, un servicio espiritual y necesario.
En estos cincuenta años, su nombre ha quedado ligado a proyectos que marcaron hitos en la Isla. Entre ellos, inolvidable es su trabajo al frente del Proyecto de los Orishas de Teatro de Luz, una propuesta que fundió la tradición de los zancos camagüeyanos con la estética contemporánea y las imágenes religiosas que muchos veneran, devolviendo a las calles del Centro Histórico una fiesta que parecía guardada en la memoria de los abuelos.
Bajo su mirada, los zanqueros dejaron de ser una imagen pintoresca para convertirse en poesía en movimiento, en un símbolo de identidad que hoy cualquier camagüeyano reconoce como patrimonio vivo.
Nuevas luces
Jesús no se ha quedado en el pasado. Desde hace 3 años, como director del equipo de Teatro Guiñol, ha volcado su sabiduría al público más exigente: los niños.
Allí prepara con esmero el estreno de “Un duende para Cenicienta”, una obra que promete volver a conjurar la magia del teatro de títeres, con el oficio de un director que conoce las medidas exactas entre la ternura y la complicidad escénica. «Los pequeños —suele decir— merecen el respeto y acercamiento a los grandes clásicos; por eso hay que darles un teatro bien pensado».
Simultáneamente, otra de sus creaciones artísticas sigue creciendo: el proyecto Maniquíes, ese espacio de exploración donde la dramaturgia, la plástica y el performance, se dan la mano. Con él ha llevado a escena “Macondo”, una adaptación que respira el realismo mágico desde una perspectiva íntima y visual, demostrando que, a sus años y con tantos kilómetros de tablas recorridos, “Rueda sigue rodando” siendo un artista inquieto, capaz de asombrar con propuestas arriesgadas y conmovedoras.

Su amor por La Ciudad y relación con la OHCC
Su vínculo con la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey (OHCC) ha sido igualmente constante. Allí ha participado en numerosos proyectos de rescatepatrimonial y animación sociocultural, entendiendo que la conservación de una urbe no es solo cuestión de obras y monumentos, sino de historias que la habitan.
Así lo conocí hace más de 20 años, cuando como periodista cultural de Radio Camagüey, cubría una peña que realizaba en la recién restaurada Plaza Joaquín de Agüero, junto a la especialista de la Oficina del Historiador: Marisol Delgado, una mujer especial y sensible al tema patrimonial, quien dio un despertar a esa zona, otrora Plaza de Méndez.Los abuelos y sus recetas de comida tradicional, los músicos y agrupaciones portadores de tradiciones haitianas y el teatro, confluyeron y contaron con el apoyo de la Casa de la Cultura, en especial de su director: Alexander de la Torres, quien con mucho empeño, fue parte de esa encantadora triada de artistas.
Seguimos con Rueda
Ha llevado el teatro a escenarios no tradicionales, a plazas rehabilitadas, a conventos devenidos salas y a rincones que sin su empeño, quizás nunca hubieran escuchado una voz actoral.
En este 27 de marzo, día internacional del teatro, Camagüey le rinde homenaje a uno de sus hijos más genuinos. Porque Jesús Rueda Infante no ha sido solo un actor o un director: ha sido un tejedor de complicidades, un maestro de generaciones y un cultor de la memoria escénica.
Sus bodas de oro con esa labor creativa, no son una mera estadística; son medio siglo de noches de estrenos, de aplausos sinceros, de títeres que cobran vida y de zancos que elevan historias hacia el cielo.
La crónica de hoy podría cerrar con un telón y mi emotivo aplauso para sus jóvenes actores que lo siguen ilusionados y con respeto, pero sería injusto. Porque para Rueda el teatro no es un lugar al que se llega, sino un camino que se anda cada día, se reinventa con o sin corriente y busca escenarios nuevos en su andar.

Y en ese andar, ahora con “Un duende para Cenicienta”y con “Macondo” en la memoria, lo celebramos: gracias por regalarme una función especial y dejarme entrar a la sala oscura, por donde los sueños cobran vida para los que disfrutamos, como tú, del arte de las tablas.


