Por: Enrique Atienzar Rivero
En la vida del Che el 8 de octubre estuvo marcado, de manera especial. En 1963 en Camagüey, en la sede del gobierno provincial, en Cisneros y Hermanos Agüero, presidió una reunión para instrumentar aquí la segunda ley de reforma agraria, un paso importante que daba a la Revolución frente a los grandes latifundios.
Cuatro años más tarde, en 1967, se anunciaba la inminente muerte del Guerrillero Heroico, en La Higuera, Bolivia, asesinado al día siguiente para tratar de matar su ejemplo que se ha transformado en una guía para la humanidad.
Me parece que no fue casual que el Che encabezara en Camagüey esa reunión por ser esta región de Cuba la de mayores latifundios.
La información difundida entonces hablaba de que se expropiarían 42 320 caballerías de tierra que pasarían a manos del Estado.
Sobre el pensamiento agrario de él, en la Revista Islas, de la Universidad Central Marta Abreu, de Las Villas, bajo la firma de dos acuciosos investigadores Ricardo Hernández Pérez y Roberto Muñoz González, señalaron que su perfil teórico fue consustancial a todo su pensamiento económico.
“No es de dudar entonces que sus análisis y reflexiones acerca de la Reforma Agraria ocupa un lugar central en su pensamiento y constituye un aporte importante al pensamiento marxista cubano y universal”.
En el Che existió un marcado interés por analizar la realidad y reflejarlo en su cuerpo teórico que sirviera de punto de partida para la transformación social.
Es real que la existencia del latifundio crea una estructura de poder político que se constituye en determinante para mantener el subdesarrollo y en un obstáculo para los cambios estructurales a fondo.
El Che, además, de su pensamiento agrario, fue eje del desarrollo industrial en Cuba y en el sector bancario.


