El incendio de un pueblo que reflejó en el cielo el sacrificio: Guáimaro

Foto: Cortesía de la autora
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Para Desiderio Borroto (hijo), desandar la historia de su pueblo natal es parte de su día a día. No hay recodo que no haya investigado más allá de lo escrito en los libros. Cada suceso contado por este historiador apasionado es un viaje en el tiempo.Hoy  pude disfrutar de una visita guiada por él,  privilegio que compartí junto a la directora del museo, Yianelli -o mejor Nana, como le dicen sus colegas.

Así caminamos el Parque Central, vimos las escasas ruinas que hablan del incendio y recorrimos el Museo. Una vez dentro  llegamos al cuadro de la escena de la Asamblea de Guáimaro, donde Juan Hernández Giró recreó de forma impresionante con sus pinceles la reunión de la Cámara de Representantes de la República en Armas.

Volvamos atrás

El nombre de Guáimaro tiene que ver con una palabra aborigen que describe un árbol autóctono de la zona, donde existió una aldea india destruida por los conquistadores españoles, y que con los siglos devendría también en próspera villa dedicada a la ganadería y la agricultura.

Ese territorio camagüeyano es conocido como cuna del constitucionalismo cubano, donde los patriotas elaboraron la primera Constitución de la República en Armas.

Sin embargo, es poco recordado por ser el segundo símbolo de la decisión de los cubanos de convertirla en cenizas antes que entregarlas nuevamente al dominio colonial, solo unos meses después del incendio de Bayamo, justamente el 10 de mayo de 1869.

Según Desiderio, fue un lunes cuando los guaimarenses decidieron reducir a cenizas todas sus pertenencias y propiedades. Con tal determinación, buscaban impedir que ese lugar sagrado de la Patria fuera nuevamente colonizado y abrazaron el ideario independentista y el anhelo de libertad.

Por una esquina de la plaza comenzó el incendio. Aquella era una villa floreciente, que ya tenía 90 manzanas construidas con viviendas de mampostería y maderas preciosas, diseñadas en 10 calles de norte a sur y 14 calles de este a oeste. No era una aldea modesta y su valor material era apreciable.

Ana Betancourt, quien levantó su voz para defender los derechos de la mujer doblemente esclava en el sistema colonial, al rememorar aquellos acontecimientos escribió: “Todo mi ser se conmueve al recuerdo de aquella noche terrible, en que se oían por todas partes el rumor de las llamas y el ruido que producen los techos y puertas al caer, para ser devoradas por las llamas”.

Legado

La quema de Guáimaro forma parte del legado de intransigencia y unidad del pueblo, en defensa de su Patria para todos los tiempos. Se patentizó en aquellas llamas que consumieron hace 156 años a la heroica ciudad, por voluntad de sus pobladores.

La presencia del tinajón, que formó parte de la casa donde nació la primera Constitución y unos fragmentos de ladrillos de alguna casa reducida a los recuerdos, son testigos del tiempo para los jóvenes herederos de ese orgullo guaimarense.

Orgullo que nace de las palabras de José  Martí al referirse a lo sucedido en la villa, con todos los matices que no describió de otros pueblos: “Guáimaro es un pueblo sagrado y una ciudad santa, que supo llegar a la gloria desde el sacrificio”.

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