México y Camagüey: Manuel de Quesada.

Foto: Cortesía del autor
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Por: MSc. José Fernando Crespo Baró. 

Manuel de Quesada y Loynaz merece un estudio contextual mayor por su contribución militar en las luchas de México  frente a los invasores franceses del siglo XIX. A Quesada lo puso la historia en el preciso contexto de enfrentamientos rebeldes en la nación azteca. Claro es que no fue primigenio esa solidaridad; fue él continuador de cubanos y aztecas que para lograr la libertad de las dos patrias se empeñaron en la concreción de la conspiración dela Gran Legión del Águila Negra.  

Con Juárez en la campaña de México.

Manuel de Quesada había nació en la ciudad de Puerto Príncipe en la calle de la Reina, en casa señalada con el Nro. 73, actual República Nro. 226,  el 29 de marzo de 1833[1]. Hijo de militar, por ser hijo del teniente de Milicias (1823)don Pedro Manuel de Quesada y Quesada. La madre María del Carmen Loynaz y Miranda.[2]Se cuenta que, sin haber cumplido los 20 años, conspiró en la Sociedad Libertadora de Puerto Príncipe, e intervino en los ajetreos para el estallido insurreccional de 1851, pero en el instante de abandonar la ciudad al saberse la captura de su líder Joaquín de Agüero y sus compañeros a manos de las fuerzas españolas, Quesada dio pasos atrás a ocultarse.

Más tarde, el 31 de julio de 1855,viajaría a Nueva York, ciudad desde la que partiría a los Estados Unidos Mexicanos, en 1857, para sumarse a las luchas entre clericales y liberales del lado de los liberales, hasta ganarse el ascenso en el ejército con el grado de alférez. Posteriormente y hasta 1861, al estallar la Guerra de la Reforma volvió a tomar armas con el grado de coronel, hasta ser ascendido a general de división. Ya logrado el triunfo liberal asumió como gobernador militar del Estado de Durango.

Pero invadida la nación por miles de soldados napoleónicos, en 1862, Quesada pasaría a subordinarse al ejército campesino y artesanal del líder indígena Benito Juárez, al que el camagüeyano Quesada escoltaría en la toma del poblado de San Luis de Potosí y el del Saltillo, y de esos escenarios de sangre y constante asedio y metralla hasta entrar en Puebla libre. Victorioso meses después, el general de la Isla dirigiría se las vería como jefe en su primer combate contra los franceses en La Rinconada, en el estado veracruzano, en que se tornaría nuevamente victorioso al frente del regimiento de caballería “Lanceros de Quesada”, que ganara el aprecio de sus seguidores y al que temían los invasores galos.

Entre otras acciones exitosas que probarían su inteligencia como estratega y su coraje, no solo de Quesada sino de los mexicanos juaristas, el 20 de noviembre de 1863 el general rechazaría a un costo alto de defensores el asalto a las trincheras del ejército por el regimiento napoleónico «Chasseurs d’ Afrique», que guiaba el célebre coronel Dupart[3].

Por fin, de vuelta al lado de Juárez, participaría el cubano en la contraofensiva contra los enemigos franceses hasta que después de batir a centenares de enemigos en los campos con apoyo de sus valientes indígenas seguidores, llegarían asu entrada triunfal en la capital mexicana.

Al término de la guerra, Quesada retornaría a los Estados Unidos. Cuba estaba en su memoria. La libertad y la independencia de su suelo lo atraería a la aventura patriótica. De ese período se tiene referencia de queen 1866 había lanzado proclamas incitando a un levantamiento armado en la región de Puerto Príncipe, en el Camagüey natal,que un día había dejado para combatir por México.

Otro día, Manuel de Quesada viajaría a Costa Rica donde encontró acogida de su presidente el general Tomás Guardia Gutiérrez, quien le nombraría superintendente de Ferrocarriles, tras haber trabajado en las obras del ferrocarril de San José a Puerto Limón.

El ex general de México y general en jefe del Ejército Libertador Cubano, falleceríaa causa de la pulmonía, el 29 de enero de 1884. Así moría este combatiente que nada ni nadie pudo hacerlo desistir de intentar ver a México y a Cuba Libre.[4]

El Águila Negra mejicana-cubana.

El sacerdote mexicano Miguel Hidalgo y Costilla se declara en rebeldía en el virreinato de Nueva España (México), sublevación separatista entre rivales que es conocida con el nombre de Grito de Dolores. Se supo en Cuba ese movimiento que nutrieron indígenas y labriegos. Y en la Mayor de las Antillas esas rebeldías de México y la “Gran” Colombia inspiraron a decenas de jóvenes. Esperanzada esa juventud rebelde ante las victorias militares del ejército de Bolívar frente a España en Venezuela, el plan de apoyo a Cuba se malogró por la coyuntura bélica adversa que presentó Perú.

Mientras, en Cuba, los jóvenes revolucionarios de la conspiración Cadena Triangular de Bolívar continuaban pasos para lograr la libertad de la metrópoli. La mirada nueva se puso en La Gran Legión del Águila Negra. A esta se ligó el camagüeyano Lic. José Ramón Betancourt y Aguilar y no fue el único. José Agustín Arango y Ramírez adoptaría el seudónimo de “Águila Verde” para las labores conspirativas entre Cuba, México y Venezuela, de conjunto con otros cubanos.

Epílogo.

Hay coyunturas y páginas vivas de nuestras patrias que parecen reproducirse en el tiempo de la larga duración histórica. México y Cuba se apretujan sus manos desde el siglo XIX. En compleja y difícil situación económica que atraviesa hoy la patria de Martí, quien tanto amara y alabara la grandeza y la cultura de la nación azteca; México le extiende su apoyo solidario a Cuba; no la deja a merced de perecer víctima del genocidio y el bloqueo criminal del Imperio del Norte, el enemigo común que frustró el proyecto del Libertador Bolívar de creación de la Grande Patria Latinoamericana unida. Es la hermana México, que un día despidió un yate cargado de sueños y de libertad para Cuba. México no teme, desafía al coloso del Norte. Merece respeto y agradecimiento infinito del pueblo de Fidel.

[1] Según el libro Nro. 19 de Bautismo de Blancos de la Parroquia de la Soledad, signatura nro. 166, de 7 de abril de 1833, fue bautizado con el nombre de pila Pedro Manuel de los Dolores Eustaquio de Quesada y Loynaz. El resto de sus hermanos: Caridad, Mariana, Ana María, Ana Valentina, Mercedes, José Ignacio, Rafael y Concepción, también recibieron las aguas bautismales en esa misma Parroquia. Ana Valentina, nacida el 14 de febrero de 1842, contrajo nupcias en 1869 con Carlos Manuel de Céspedes, presidente de la República de Cuba en Armas.

[2]En febrero de 1874 la familia residía en la casa nro. 59 en la calle Contaduría (Lugareño 316) pero tuvo que emigrar a los Estados Unidos y luego a Costa Rica. A su regreso, residió en la casa nro. 33 de la calle Mayor, actual sede la Uneac.

[3] El presidente Porfirio Díaz comentaría: «Conocí a los dos Quesada. Pero sobre todo a Manuel, con quien estuve muy unido (…). Yo serví primero a sus órdenes y después él combatió a las mías. Tenía grandes actitudes militares y era muy astuto y valiente (…). Manuel era además un gran jinete […]». Apud: A. Mestre Fernández: «Manuel de Quesada», Bohemia 63 (5): 105, La Habana, 29 de enero de 1971. En: Cento Gómez, Elda: Cuadernos de historia principeña 8 (coordinadora). René González Barrios: Mayor general Manuel de Quesada Loynaz: centauro de América.Cuadernos de historia principeña, p. 74.

[4] Vale consultarse los detalles de su vida para entenderse justamente su actuación contextual en el texto escrito por su sobrino, hijo de Ana de Quesada y Loynaz y del Presidente Carlos Manuel de Céspedes: Carlos Manuel de Céspedes y Quesada: Manuel de Quesada y Loynaz, 3ra. ed., Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1925.

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