No es el Día de la nada…sino de la Poesía

Foto: Cortesía de la autora
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Por: Yisell Pérez Peña

Poco frecuentes son los casos de lectores que ubican a la poesía como el último género literario de su preferencia. Quienes aman las letras encuentran en ellas lo que los hace sentirse plenos; estos, cual abeja interna que laborea sin descanso en busca de sentidos, de expresiones… que descubre tiempos y espacios tras la esencia de los tejidos verbales ofrecidos por los autores, no detienen su lectura —incluso si han terminado la obra— hasta conseguir interpretar la intención de quien escribió.

Es la poesía, sencilla o compleja la encuentres, uno de los géneros que conduce al lector de forma obligatoria por el camino del goce tras la interpretación de los significados. Significados que atraviesan libres mil maneras de decir;pero sujetos a disímiles recursos expresivos, formas estróficas, estructuras, rimas, denotaciones y connotaciones dadas, ya sea por el autor o por el lector. Esa riqueza estilística con la que se desenvuelven los contenidos es la magia que atrapa en la lectura y permite que hasta el menos versado conecte en algún punto con el escrito, además porque el poeta expresa una situación (i)real que puede haber vivido o no cualquier individuo.

Desde los inicios de este género, (sub)temas como la contraposición y la relación de la muerte y la vida, la paz y la guerra, la bondad o la maldad, lo (in)visible, el (des)amor, la (des)esperanza, el (des)encuentro, la naturaleza, la existencia humana son recurrentes entre los poetas; estos como sus productos creativos crecen en sensibilidad, conocimientos (aprendidos-difundidos), experimentaciones formales y conceptuales, y persisten los mismos temas porque el hombre necesita exteriorizar lo que contiene: sus emociones, impulsos, anhelos, miedos, los debates de su espíritu, los que se hallan condicionados por un contexto social, político, histórico, cultural. Cada individuo absorbe sus circunstancias de vida e inevitablemente estas se distinguen como trasfondo en sus creaciones.

Sirvan estas líneas como agasajo a los apasionados por la belleza de la poesía, a quienes la cultivan, la promueven mediante publicaciones, a los maestros del género, a las fuentes de donde los discípulos han bebido y despertado la vocación de imaginar y crear, a las instituciones que la fomentan, a las academias, las que enseñan las complejidades del mundo poético; a los que componen y comparten sus versos con la expectativa de si gustará o no al lector, a quienes registran el pasado y el presente a través de esa expresión lingüística y artística.

Antologías: inventarios de joyas 

Prestigiosos poetas y estudiosos del lirismo en la Isla, con el rigor de inventariar y el deseo de dejar anotado como aporte a la literatura nacional, confeccionaron obras antológicas en las que abarcaron no solo los autores más representativos en el género, sino también la caracterización de distintos períodos. Entre las obras, actuales joyas de la producción poética en la nación, contamos con Las cien mejores poesías cubanas(1922), antología realizada por José María Chacón y Calvo; Cien de las mejores poesías cubanas, selección de Rafael Esténger y Neuling (editada en 1943, 1948 y 1950); Cincuenta años de poesía cubana (1902-1952), publicada en este último año por Cintio Vitier; Cuba poética, por José Fornaris y Joaquín Lorenzo Luaces y publicada en 1955 por José Socorro de León; Antología de la poesía cubana(1965), preparada por José Lezama Lima; Poetisas cubanas(1986), compendio elaborado por Alberto Rocasolano, y Doscientos años de poesía cubana (1790-1990). Cien poemas antológicos, obra realizada por Virgilio López Lemus y publicada en 1990.

En algunas de estas antologías es notable un elemento de unión que salta a la vista si de mejores poetas cubanos se trata y es digno de destacar entre los camagüeyanos: el nombre de Gertrudis Gómez de Avellaneda; al decir de Alberto Rocasolano, la Avellaneda «es el punto de arrancada de la poesía femenina en Cuba».[1]Coinciden en su mayoría en el criterio de incorporarla en sus compendios y no así a otros poetas camagüeyanos, de renombre también, pero no percibidos en la posición indiscutible que ocupa la Avellaneda en el lirismo.Poetas camagüeyanos los hubo y los hay, desde Espejo de paciencia hasta los más recientes, una larga y profusa lista.

De forma general son escasas las investigaciones o textos que esclarecen y definen el acontecer poético actual, si bien está demostrado en la historiografía que la crítica desde lo contemporáneo resulta polémica, provoca tensiones y distancia a los creadores. Uno de los textos con pocos años de publicación, en 2019, y que ilustra mediante la selección de poemas por dónde anda la poesía en Camagüey, al menos hasta hace dieciséis años atrás, es La arcilla luminosa. Cuarenta años de poesía camagüeyana (1970-2010), un estudio del poeta y ensayista Roberto Manzano (1949) que ofrece «un panorama de un sustancial ciclo» de la historia lírica de una región que ha contribuido con sus peculiaridades a la caracterización de la poesía cubana.Encomiable es la labor de los antólogos antes referidos; sus textos poseen un valor social incalculable: son ahora materiales prácticos de consulta y estudio, útiles en las academias, en manos de investigadores y de aficionados que buscan aproximarse a las letras. 

Actualidad

En palabras de José Martí dedicadas a los niños expresaba: «[…] lo que ha de hacer el poeta de ahora es aconsejar a los hombres que se quieran bien […] Los versos no se han de hacer para decir que se está contento o se está triste, sino para ser útil al mundo»[2] y enseñarle, continuaba «[…] que nadie debe estar triste ni acobardarse mientras haya libros en las librerías, y luz en el cielo, y amigos, y madres». Hoy se escribe poesía; pero no se ha de aceptar cualquier composición estrófica como poesía, no vacía de significado. Los poetas han de estudiar y los lectores obligarlos a ello.

Es conveniente fomentar desde las edades más tempranas la sensibilidad tanto para crear un poema «útil» como para ejercitar su crítica, pero solo se alcanzaría desde el estudio consciente de la métrica, de los recursos literarios, de las técnicas a aplicar en busca de musicalidad, ritmo, del conocimiento y evaluaciónde los orígenes de la poesía y su evolución hasta lo más contemporáneo,de los grandes poetas. La creación y el disfrute serían distintos, habría un ejercicio mental cargado de semas.

[1]Zaida Capote Cruz, Ivette Fuentes de la Paz,Emmanuel Tornés Reyes y otros: Obras y personajes de la literatura cubana, t.2, Ed. Letras Cubanas, Instituto de Literatura y Lingüística José Antonio PortuondoValdor, 2016, p. 125.

[2] José Martí: «La última página», en La Edad de Oro, Ed. Pueblo y Educación, 2009, pp. 73 y 74.

 

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