Por: Ricardo Muñoz Gutiérrez
Rolando Benito Valdivia Fernández, Roly, nació el 30 de mayo de 1945, en el batey del central Agramonte en Florida donde transcurrió su primera infancia. A los 6 años su familia se trasladó para La Habana. Aunque padece de asna, es un niño activo, inquieto y ágil, rasgos de su personalidad que lo caracterizan el resto de su vida.
Dejó la Escuela de Comercio pues el padre abandonó a la madre con los tres hijos, y la situación económica del hogar le exigía trabajar. Inició entonces su vida laboral como dependiente de una bodega y almacén.
Muy joven ingresa en las Milicias Nacionales Revolucionarias y, el 26 de enero de 1961, inicia un curso para formarse como artillero de ametralladora múltiple, las llamadas “cuatro bocas”. El traslado desde Ciudad Libertad en La Habana a la Base Granma en Quiebra Hacha, en la antigua provincia de Pinar del Rio, se realizó caminando; fueron aproximadamente 100 km.
Las duras condiciones de vida, el rigor del entrenamiento físico y la disciplina militar exigen grandes esfuerzos a los jóvenes menores de 20 años. Estudiaron materiales políticos y se prepararon en la especialidad.
El 15 de abril de 1961, cuando el bombardeo a los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, los jóvenes se encontraban de pase y regresan inmediatamente a la Base Granma, Roly es de los primeros pues “…ardía en deseos de batirse con los aviones enemigos…”
El 16 de abril, escuchan por altoparlantes las palabras de Fidel en la despedida del duelo de las víctimas. Aunque no conocen exactamente lo que es el socialismo, comparten la declaración del carácter socialista de la Revolución.
En las primeras horas del 17, en la Base, reciben la orden de partir a la zona del desembarco mercenario. Se organizan en una unidad combativa de 30 baterías, cada una con seis piezas o cuatro bocas y 60 milicianos. Roly, es el disparador de una de las piezas de la Batería B. Van a enfrentar la aviación enemiga.
En el recorrido cantaban el Himno de la Artillería Antiaérea y las personas se sorprenden al ver el rostro juvenil de los artilleros. Por la tarde llegan al Central Australia y encuentran al Comandante en Jefe, la impresión que causa elevó aún más la disposición combativa.
Fidel les ordenó defender, de los ataques de la aviación mercenaria, a las tropas terrestres por la carretera hasta Playa Larga; en el avance, los milicianos y soldados los reciben con alegría, algunos besaron las “cuatro bocas”.
Al amanecer del dia 18 están en posición de combate. El dia antes, los aviones enemigos volaron impunemente por la falta de artillería antiaérea revolucionaria pero, hoy, es otro dia. Un avión B-26 con sus ocho ametralladoras en las alas, desprendiendo lucecitas mortales se acercaba. Al grito de “¡Avión!”, cientos de proyectiles de cerca de cincuenta “cuatro bocas” y seis cañones iluminaron el cielo; “…en medio de la balacera se oyeron los gritos de alguien que expresaba: “¡Lo tumbamos, lo tumbamos!”
Al mediodía los artilleros entran en Playa Larga, los mercenarios se habían retirado a Playa Girón. Solo un avión enemigo incursionó, el fuego de las cuatro bocas lo obligó a atacar sin afinar la puntería y huir por temor a ser derribado.
En horas de la tarde se le ordenó a varias baterías, entre ellas la de Roly, avanzar hacia Playa Girón; en el avance llegan al lugar en que los milicianos del Batallón 123, que avanzaba en ómnibus, había sido atacada por la aviación con rockets y napalm y muchos murieron sin poder salir de los ómnibus. Cuando llegaron los muchachos artilleros, entre ellos Rolandito, el cuadro era dantesco. Uno de ellos cuenta
“… jamás podré borra de mi memoria que me metí en una guagua incendiada y al tratar de extraer a una de las víctimas se desprendió uno de sus brazos del cuerpo destrozado por la explosión de un rocket. Esto me produjo un terrible impacto, pero me sobrepuse y seguí ayudando a los heridos…”
La impresión, reafirmó la decisión de seguir y vencer de los muchachos.
Emplazadas las baterías de artillería antes de Girón, por la noche se mantuvieron en constante vigilancia. Solo a medianoche le dispararon a un avión enemigo; pero, no se descansó y mucho menos durmió. Estaban alerta, podían ser atacados por los mercenarios que estaban en tierra. La sed obligó a algunos a tomar agua salada y los cangrejos molestaban. Esperan con ansia la mañana para que vuelvan los aviones mercenarios. Roly, seguía en su puesto a pesar del asma que le oprimía el pecho y le dificulta la respiración.
El 19 en la mañana, la aviación mercenaria atacó varias veces los emplazamientos de artillería y le siguió una lluvia de morteros que caen sobre el borde delantero de las fuerzas —milicianos, policías y artilleros— frente a Playa Girón. Es el lugar donde está la batería de Roly.
Varios testimonios de artilleros no necesitan comentarios:
… de pronto escuchamos un raro silbido y explosiones. Alguien gritó que nos estaban tirando con morteros. Rápidamente nos precipitamos a tierra, pero pegados a las piezas antiaéreas, y sentíamos como el terreno se estremecía cada vez que explotaban los proyectiles…
Un compañero de la batería B de Roly recuerda que uno de los morteros explotó y cuando miró, a unos metros, vio como Roly se desplomaba en su asiento de tirador y gritó: “¡Vamos que mataron a Rolandito!”
Corrieron hasta el lugar, un mortero había impactado la “cuatro bocas”; un pedazo de metralla se incrustó en su cráneo, y un proyectil de la “cuatro bocas”, que saltaron en todas las direcciones, le atravesó el cuerpo, por un pulmón.
Cargaron al “…miliciano de pequeña estatura, pelo rubio y cara aniñada” para un vehículo y llevarlo así al hospital, creen que acompañándolo podían “…impedir que muriera, pero en realidad sus heridas eran mortales.”
“…Nos sentimos impactados por aquello, pero aún nos conmovió más saber que el artillero antiaéreo Rolando Valdivia, un adolescente de quince años de edad, había muerto… Eso me causó tanta tristeza como si hubiese caído mi propio hermano.”
Roly iba a cumplir 16 años, “…Ese momento ha sido el más inolvidable de mi vida, y al cabo de los años todavía lo recuerdo hasta en los mínimos detalles, porque es imposible olvidar la pérdida irreparable de Rolandito, un niño con estatura de hombre valiente…”


Fuente:
– Mayo, José: Los niños héroes de Playa Girón. Editorial Gente Nueva, La Habana, 2010.
– Sección de Investigaciones Históricas del Comité Provincial del PCC Camagüey: Síntesis biográficas de mártires camagüeyanos 1953-1967. Fábrica de Impresos Comerciales Camagüey. s/f. p. 93-95.


