Solo tenía 10 años cuando lo vi por primera vez. Transcurrían los días del 3er Congreso Pioneril, en La Habana; y en la propia plaza de la Catedral organizó un almuerzo para los que saben querer, como diría en aquella ocasión parafraseando a Martí.
Lo había visto por la televisión; pero su humilde voz y actuar no se comparaban teniéndolo tan cerquita. Nos habló del Apóstol, de lo que significábamos para la humanidad, de la responsabilidad de construir un futuro hermoso para la Isla. Tantos consejos que, con mis escasos años, logré bordar perenne en mi alma; hasta hoy que los comparto. Hasta hoy que logro expresar lo impactante del primer encuentro.
Muchos fueron los niños que se le acercaron cuando terminó su intervención para hacerle preguntas y hasta tomarse una foto intentando perpetuar el momento. Yo dudé en hablar mucho, hasta el hambre se me había quitado, no porque el delicioso almuerzo que nos regalara no invitara hasta al menos comelón; si no porque sentí que todo lo que nos había explicado superaba cualquier pregunta o acotación de mi parte.
Un poco tímida y algo nerviosa me acerqué y le di las gracias. Con una sonrisa de sabiduría él regaló la mejor de las instantáneas, esa que no guardo en papel de foto; pero sí en mi corazón.
Pasaron los años…
Sí, pasó el tiempo y pasó un águila por el mar; y del olor a sal y gaviotas de mi inolvidable Nuevitas llegué a sortear el destino a tierras de tinajones y hombres de vergüenza. Comencé a desempeñarme como periodista en la página web de la Oficina del Historiador de la ciudad de Camagüey.
En los primeros encuentros con el desafío y manejo de ciudades, evento más importante que realiza la institución que salvaguarda el patrimonio en la provincia; solo se comentaba de las inolvidables intervenciones de Eusebio en anteriores ediciones; pero nada de poder coincidir con él, hasta que en 2019 se confirmó su participación.
Y llegó el momento
Un teatro preparado con los honores que merece, luces y un lugar al centro del escenario para impartir una conferencia; pero no, al llegar no estuvo de acuerdo con tanto protocolo, menos con la mesa y la silla muy barroca en su composición; pero fría y distante de su público, de sus iguales, pues lo mejor de su esencia es la humildad y esa grandeza que lo hace único.
Cambió en instantes todo lo previsto para su acogida. Cámaras, periodista y los presentes parecían como abejas en el panal moviéndose de un lado a otro; porque Eusebio dejó menos de un metro
de distancia y comenzó a dialogar de lo especial que somos los cubanos, de la historia de Camagüey, de la belleza de sus mujeres… Resultó un intercambio tan ameno, a esos que nos acostumbra pero que igual se tornan sui generis. Corrieron 45 minutos las manecillas del reloj y todos nos quedamos sentados esperando más.
Esta vez no podía dejar pasar el momento de llevarme, muy personalmente, sus impresiones. Ya no era la niña de años atrás; llevaba el texto Carlos Manuel de Céspedes, el diario perdido; con toda intención de compartir ideas y además perpetuar los rasgos de su caligrafía en él.
Sin sonar a composición de primaria con estas palabras: … “resultó inolvidable” … Ayudé hasta a una señora obsesionada con su obra a acercarse y entregarle una colección de libros que abrazaba con tanta ternura que lo impactó.
Un Eusebio que vive en Camagüey
La labor indescriptible de Eusebio Leal más que en lo profesional, en lo personal trasciende generaciones y barreras en el tiempo. Su impronta espiritual vive en cada ciudad que ama dentro de esta isla que es su casa grande. No solo La Habana se honra al tenerlo, Camagüey y sus habitantes agradecen cada desvelo.
A José Rodríguez Barreras, director de la Oficina del Historiador de la ciudad de Camagüey, siempre lo vi serio y enfocado en los proyectos de esta ciudad de pastores y sombreros que tanto defiende; pero más allá de ese hombre edificado en el trabajo de la preservación de una ciudad a la que se entrega, descubrí -hace solo días- a un hombre agradecido y sensible que admira pudiera decir, que al mejor de los mentores que se puede tener: a Leal.
En entrevista para un próximo trabajo televisivo, que prepara Audiovisuales Príncipe dedicado a Eusebio, nos comentó de los vínculos con Camagüey de este hombre increíble. Estos se remontan años antes de la creación de la Oficina del Historiador en Camagüey. La rica historia de la ciudad enamoró al orador y lo hizo entonces soñar con una institución que velara y se desvelara por la conservación del patrimonio.
A través de Joseito pudimos descubrir a ese hombre sencillo que ni los escenarios más encumbrados logran apagarle la luz. A ese hombre que prefería la silla del pantry para almorzar -en la sede de la Oficina- que el más lujoso restaurante; al hombre que siente a Agramonte en sus venas, pues su vergüenza y ahínco le han permitido edificar colosales obras de amor, a ese hombre que llegué aún en la distancia a acercarme por tercera vez desde las palabras de uno de sus avezados alumnos.
Gracias doy a la vida por ponerme en el lugar indicado en cada momento, por brindarme la posibilidad de regalar desde la humilde escritura mi admiración y la de mi tierra a Eusebio Leal.


