96 años de la camagüeyana revista Minerva. Apolinario Chávez Chacón, un pintor desconocido está en sus páginas

Foto: Cortesía de la autora
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La nonagenaria revista del Camagüey, llamada Minerva, estuvo dirigida por Serapio Páez Zamora; en aquel entonces un joven periodista, con ideas progresistas, hijo del veterano mambí José del Pilar Páez Silva. Este inquieto joven nucleó el pensamiento crítico de hombres y mujeres de su época, que se reunían en las asociaciones Maceo, Victoria, Club Alfa, entre otras. Lo interesante y aportativo de la misma es que  ofrece un testimonio sincrónico, no solo de los lugareños, sino del país, América y más.

De manera particular, en este aniversario 96 de la revista, resulta oportuno compartir el texto del Dr. en Pedagogía Urbano B. Vélez Betancourt, hijo de una de las familias raigales del Camagüey,Los Vélez; consagrados al magisterio desde el siglo XIX hasta nuestros días. UrbanoVélez, distinguió en sus páginas la vida de uno de los pintores del terruño, hoy totalmente desconocido: Apolinario Chávez Chacón. A continuación, se reproduce el texto de manera íntegra, a manera de documento de alto valor.

            DEFRAUDEMOS EL TRADICIONALISMO

APOLINARIO CHÁVEZ, nació en la provincia de Camagüey, hacia fines del año 1902. Desde su más tierna edadfue un decidido cultuvador de las artes bellas, a las cuales les ha dedicado los mejores días de su vida, esta ha sido austera y pobre, pero llena de fe, de entusiasmo, de agnegaciones y sacrificios innarrables. Su alma de artista, alentada por las visiones del porvenir, le señaló los rumbos del trabajo, único medio de obtener la realización del ideal. Y él, cumpliendo los mandatos imperativos de su Alter Ego, abandonó el terruño en que naciera, marchando hacia la urbe capitalina sin más recursos que los de su virtuosa familia y una gran confianza en su corazón, ya templado para los prodigiosas empresas de la vida.

HABLEMOS DE SU OBRA. Quizás desconocida por el pueblo camagüeyano, posee multitud de primosos cuadros de viveza cautivadora. Su pintura, reveladora de ternura inefable, paraece creada por un artista puramente romántico. Conservan las líneas una naturalidad desconcertante del pintor, que promete ser sublime.Sus cuadros originales son por demás trágicos y crueles, su vida azarosa y por decir sombría conduce su pintura a un sentimentalismo desconsolador, el cual en uno de sus momentos más terribles lo hizo saltar de su lechodurante una memorable noche, cuando un incendio convertía en cenizas la villa de Regla y dominado el hombre la potencialidad del artista, se encamina al lugar trágico y allí, frente al horroroso y fantástico siniestro, lleva al lienzo la catástrofe con maestría espantosa.

Ha dicho no sé que eminente escritor que -en todas las sociedades hay dos clases: una que dominando el conglomerado eleva sus sabios y artistas, y otro que asustado del porvernir se refugia en la tradición. Y lo más irrisorio, pudiéramos agregarle al criterio susodicho es que si algún miembro de ese segundo grupo, esclavo de su pasado, rompe la secuela que acompaña al pesimismo procurando salvar el valladar de sus propias imperfecciones, se gana la mal querencia, y la decidia de los suyos, a quienes en el mañana defender contra las sevicias de los predominantes.

¡Verguenza!

Hagamos, pues surgir de improviso ese preciado factor que prestigia familia y razas: ¡Verguenza! Santifiquémosla en el bendito altar de la conciencia, y así le demostraremos a los que pretenden impugnamente negarnos la personalidad que nos corresponde, que en nuestro pecho palpita un coracón dispusto a lavar con su sangre las manchas de la patria y en la paz engrandecer, el maravilloso templo del progreso.

Spenser no sin razón considera a la humanidad como el producto del trabajo energético de todos los seres orgánixçcos de la creación., yo le agrego a esos seres producto de la energía, la Volunta: ha dicho Emerson que ella todo lo puede y Kant llegando al límite de la fórmula, niega la vida sin voluntad. En esto radica el misterio del triunfo; cuyo formulismo pudieramos reducirlo a dos palabras: Energía y Voluntad. Y nuestra raza falta de esos valores positivos, solo un medio de lograr el ideal: elevar a la cumbre a los que no temen a la acción implacable del tradicionalismo.

Triunfando Apolinario Chávez no triunfa el Hombre o el Artista, sino una raza ciega en las tinieblas de la tradición. 

Bibliografía

Urbano B. Vélez Betancourt (1928)Defraudemos el tradicionalismo”En Revista. Director Serapio Páez Zamora. Minerva.1 (1) pp s/p.

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