Gonzalo de Silva arribó a Santa María del Puerto del Príncipe altivo como una palma real y gozoso por convertirse en el primer profesor de música en esa Villa. Llegó procedente de San Cristóbal de La Habana, donde también devino pionero en su profesión, y traía el órgano con el cual impartía clases de ese instrumento y canto, a miembros de familias prominentes.
Inspeccionó cuidadosamente la extracción del órgano de la embarcación San Pedro, anclada en La Guanaja, y el traslado hacia una carreta rumbo al nuevo destino.
El maestro tenía asegurado trabajo, según Cosme de Andújar, un entusiasta de la música, y quien lo había convidado en una visita a San Cristóbal de La Habana.
Andújar lo ubicó en su casa, en una habitación contigua al patio interior, abundante en plantas frutales, y sin costo alguno le ofreció la vivienda como hospedaje y academia.
El visitante suponía encontrar un entorno de felicidad, pero luego maldijo su
viaje a Santa María del Puerto del Príncipe.
Niños, adolescentes y adultos, en su mayoría feligreses de la Parroquial Mayor,
quedaron matriculados en el curso musical, el cual generó una gran atracción.
Nicanor de Azcárate, de 10 años de edad, era el mejor alumno, y el profesor le vaticinó un gran futuro artístico. Podía articular sin dificultades la voz de falsete, y sus cualidades le permitían avanzar con rapidez en el dominio vocal y en la interpretación en el órgano.
El debut público del infante ocurrió en una misa, un 25 de diciembre en la Parroquial Mayor, ocasión en la cual, por primera vez, se oiría un órgano durante un oficio litúrgico en la Villa.
Nicanor ocupó solemnemente la banqueta y comenzó a deslizar sus dedos sobre el teclado. Cautivó al público y cuando ejecutaba el último acorde, le cayó sobre la cabeza una viga muy podrida a causa de la carcoma.
Lo velaron ante el altar mayor y lo sepultaron en el templo.
Dicen que por las noches salía de la tumba una música de órgano, y que ninguno de los conjuros sacerdotales para callarla fue efectivo.
A Gonzalo de Silva lo expulsaron de Santa María del Puerto del Príncipe, y regresó a San Cristóbal de La Habana con la acusación de haber provocado
indirectamente el deceso del niño.
El maestro jamás aceptó la impugnación, pero lo azotó una tristeza con fuerza de huracán que lo mató cuando ya no tenía alumnos y el órgano se podría como la viga asesina de la Parroquial Mayor.
(Según el Diccionario de la música cubana, de Elio Horovio, Gonzalo de Silva fue el primer maestro de música en el país).
(Relato tomado del libro inédito De lo que fue y pudo ser en Santa María del Puerto del Príncipe).


