Diversidad Cultural: la trova

Foto: Cortesia de la autora
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Una genuina expresión de diversidad cultural en Cuba es sin dudas la música. Sus diferentes géneros tienen influencia española, africana, mexicana, norteamericana y de otras regiones.

La música religiosa, que fue de antecedente hispánico, estaba presente desde la colonia en las celebraciones más importantes del calendario litúrgico.

Orígenes sonoros

Puerto Príncipe fue una región privilegiada en cuanto a la construcción de iglesias. Su desarrollo económico basado en la ganadería y el comercio de contrabando, propició la edificación de gran cantidad de estas desde el siglo XVIII, y la compra de instrumentos musicales para el oficio litúrgico y el ocio.

Uno de los primeros historiadores de esta comarca, Tomás Pío Betancourt, comentó que en 1754 el Hospital de San Juan de Dios fue proyectado con un coro, en el cual se colocó un órgano. Asimismo, en 1756, el obispo Agustín Morell de Santa Cruz, encontró en su visita eclesiástica un órgano pequeño, nuevo y de sonido excelente en la Parroquial Mayor principeña; y en la Iglesia de La Merced halló un órgano y siete coristas.

Por tanto, podemos decir que la música se desarrolló desde temprano en Santa María del Puerto del Príncipe.

La trova

Dentro de la amplia gama de ritmos que nos distinguen, uno de los exponentes musicales más activos es sin dudas la trova.

El movimiento trovadoresco en la ciudad de Camagüey surge hacia finales del siglo XIX liderado por las figuras de Patricio Ballagas y Víctor Láncara. De ellos, fue Patricio Ballagas el que mayor renombre alcanzó a nivel nacional, implantando una forma de decir muy personal dentro de la trova, llamada tradicional; este pasó a ser uno de los cinco pilares del género, junto a José (Pepe) Sánchez, Rosendo Ruiz, Manuel Corona y Sindo Garay.

La presencia de Patricio Ballagas en suelo camagüeyano motivó a otros trovadores locales, que desempeñaron también un papel fundamental en el desarrollo de la trova tradicional en la región, a través de las llamadas peñas.

Ya a partir de 1960 se une a esta tradición la peña de Valentín, cuya sede radicaba entonces en el patio de la institución conocida como Divulgación Regional de Cultura. Más tarde, al fundarse la Casa de la trova Patricio Ballagas, la peña se traslada hasta ese lugar, que desde hace muchos años ha sido el hogar de los trovadores camagüeyanos y devino centro cultural de difusión y promoción musical en la región.

Allí, en las noches de jueves, puedes encontrar a uno de sus trovadores más fieles y genuinos: Antonio Batista.

El autor de Madrugada Azul

Como casi todo trovador auténtico, Antonio Batista no estudió música en academia alguna, aunque sus tíos le instruyeron en el solfeo y el canto.

Su primera inclinación fue por la percusión, pero el amor por el canto le incitó a adoptar la guitarra, para acompañar las canciones que interpretaba.

En su natal Camagüey se relacionó, desde los años 90 del pasado siglo, con uno de los que considera el más grande de los trovadores locales: Armando Díaz; sin dejar de reconocer a los integrantes del grupo Canto Libre.

Las trovas de Antonio Batista

Los temas referidos en las trovas de Batista son de diversa índole. En aquellas ejecutadas con guitarra sola, se encuentran referencias a la vida de los jóvenes, las cosas que necesitan, sus añoranzas y cuestiones más personales e íntimas, referidas al amor.

En el CD “Filosofía de la vida”, Batista nos da una visión general desde su experiencia de vida. Temas como Madrugada azul y Callejón de la soledad, van dirigidos a la magia de la ciudad, resaltando detalles más directos de lo que sucede en la demarcación, de las transformaciones que existen en sus fachadas, en sus espacios socioculturales; estas a su vez son también cantos de amor, en su sentido más amplio.

Además de la devoción de Batista por su tierra, el tema dedicado a Ignacio Agramonte, El Mito, es una voz de homenaje al héroe camagüeyano y con él a todos los que dieron su vida por la libertad.  Por eso resulta familiar su presencia en actos públicos, en plazas y sitios históricos, acompañando la evocación de la memoria histórica con su canto.

La música acompaña al ser humano en sus labores desde tiempos de antaño, refleja sus sentimientos, la riqueza social y cultural. Por eso, atesorarla para futuras generaciones y apreciar la que existe, es muestra de sabiduría.  Un aplauso para la trova, ese símbolo de identidad y diversidad cultural, también nuestra más profunda gratitud para Antonio Batista, por su defensa del género desde el corazón.

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