Espejo de paciencia y los misterios de un epíteto

Foto: Cortesía de la autora
Share on facebook
Share on twitter

Por: Gretel Díaz Montalvo

“Canten los unos el terror y espanto

Que causó en Troya el Paladion preñado:

Celebren otros la prisión y el llanto

De Angélica y el Orco enamorado:

Que yo en mis versos solo escribo y canto

La prisión de un Obispo consagrado:

Tan justo, tan benévolo y tan quisto

Que debe ser el sucesor de Cristo”.

Así narra el poema épico Espejo de Paciencia, el primero de su tipo escrito en Cuba y que fue fechado el 30 de julio de 1608, para suerte de estas tierras, en la otrora villa de Santa María del Puerto del Príncipe, hoy Camagüey.

En la obra, el escribano del cabildo principeño Silvestre de Balboa Troya y Quesada narra los sucesos ocurridos cuatro años antes en las inmediaciones de Manzanillo, donde el obispo de Cuba Juan de las Cabezas Altamirano fuera secuestrado por el corsario francés Gilberto Girón. Espejo… se centra en la respuesta de los criollos de la zona, que se unieron para rescatar al pelado, y en particular en la actuación del negro esclavo Salvador Golomón, quien se convirtiera en héroe al dar muerte al temido filibustero. El poema termina reseñando la celebración de la victoria con un motete cantado en la iglesia de Bayamo.

Realidad vs misterios

Aunque los sucesos fueron reales y en sus versos se identifica una mezcla de criollismo con las maneras canarias de escritura -Balboa había nacido en Las Palmas de Gran Canaria-, cierto halo de misterio siempre ha circundado a este texto.

Por siglos permaneció oculto, hasta que en 1836 en la biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País el escritor José Antonio Echeverría encontró tres cuadernos polvorientos y comidos por polillas de un manuscrito cuyo título era Historia de la isla y catedral de Cuba, de 1760, escrito por el obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz y en el cual se encontraba una transcripción del Espejo…

Luego de la primera referencia, las copias del escrito se perdieron y al no contar con un ejemplar, diferentes hipótesis comenzaron a circular: algunas dudaron de la existencia del autor, otras del hecho en sí. Luego, con el paso de los años y el acercamiento a archivos de la época se confirmó la existencia de Balboa y los sucesos que había intentado inmortalizar.

A pesar de los debates, Espejo… ha pasado a la historia como el primer poema cubano, específicamente como la primera obra de literatura escrita en la Isla.

Y para suerte de los camagüeyanos fue en estas llanuras donde Silvestre de Balboa encontró la musa para plasmar sus ideas y regalarnos una descripción de la naturaleza, de la sociedad de la época y el relato de un hecho de gran connotación para la conformación posterior de nuestra identidad nacional.

Camagüey, cuna de la literatura cubana

Como muchos intelectuales creen, avalados por fundamentadas investigaciones, Espejo… marcó la génesis de la tradición literaria en estas tierras.

Aunque algunos investigadores no consideran significativo que el texto apareciera firmado en estos lares, lo cierto es que uno de sus valores, el contextual, remarca también la importancia de estas letras, que a lo mejor en otro ámbito cultural hubiesen resultado distintas o incluso se habrían perdido en el tiempo. La obra también evidencia que en la villa principeña de entonces ya florecía una incipiente vida cultural de la que Balboa era participante activo.

Ese fermento, del que Espejo de Paciencia marcó el punto de partida, siglos más tarde propiciaría el surgimiento de figuras como Gertrudis Gómez de Avellaneda, Aurelia Castillo, Ricardo Escardó y Nicolás Guillén, entre muchas otras personalidades que han consolidado la trayectoria cultural y la pasión literaria del Camagüey, una tierra que por derecho propio merecería ser reconocida como la cuna de la literatura cubana.

Más relacionados