Por: Enrique Atienzar Rivero
El sexto mes del año tiene una coincidencia especial, entre el 24 y el 29 de junio, con sus variables en diferentes momentos, se han celebrado los tradicionales festejos carnavalescos, enriquecidos con el paso de los años. En la primera fecha para celebrar el San Juan y en la segunda, San Pedro.
Los orígenes se remontan al siglo XVIII, y, aunque está relacionada con la festividad religiosa del Corpus Christi, su esencia es eminentemente profana, según las fuentes consultadas.
Con los años se han incorporado, paulatinamente, diversas modalidades de expresión, entre las que se hallan los disfraces, las congas, las carrozas y los paseos.
Las celebraciones del San Juan, fiestas que marcan el esplendor de la cultura principeña, tienen la particularidad de mostrarse como herencia occidental que, desde el siglo XIX, adquirieran un definido carácter criollo.
Es importante que se conozca acerca de las referencias europeas, región en que los campesinos de Francia, Alemania, Noruega, Estonia, Italia y España acostumbraban a encender hogueras las vísperas del 24 de junio, en torno a la cual danzaban con el interés de favorecer la recolección de las cosechas, alejar las brujas y las enfermedades del ganado.
Vale expresar que la otrora Puerto Príncipe, de base económica agraria y ganadera se corresponde con esas variables y, de allí que no fuera casual que también los habitantes de esta región optaran por similares expresiones culturales.
Algo singular es el entierro de San Pedro, el 29 de junio. Atrapa a decenas y decenas de personas que se concentran en un lugar, como la antigua Plaza de la Merced, hoy Plaza de los Trabajadores, alrededor de un ataúd, acompañado de una mujer, supuestamente la esposa y de bebedores que festejan de tal manera el tradicional jolgorio en la Ciudad de Los Tinajones.
Fueron las principales familias, a partir de 1834, las que se encargaron de mostrar en plenas fiestas del San Juan la rica cultura de los principeños, que tuvieron sus detractores en capas de la aristocracia.
Con altos y bajas, acorde con la situación económica por la que ha atravesado el territorio, se han celebrado los carnavales que muchos agramontinos recuerdan con decenas de calles adornadas en una competencia popular estimulada por los Comités de Defensa de la Revolución. No solo en el centro de la ciudad sino en barrios periféricos y la selección de estrellas y luceros del carnaval.
La Lectura del Bando es una tradición que data de 1836, año en que se lee por primera vez en función de orientar a los moradores de la Villa acerca de qué era permisible o no en aquellos festejos y ha proseguido desde el balcón de la sede de la Asamblea Municipal del Poder Popular hasta nuestros días.
La Dirección Municipal de Cultura anunció recientemente que la etapa estival del 2026 se iniciaba el 24 de junio con la Jornada Cultural Sanjuanera, propuesta que busca mantener latente la más longeva de las tradiciones lugareñas, adaptándola a nuevas dinámicas comunitarias y culturales.
Esta vez sobresalen dos días de paseos y la realización del carnaval infantil, espacios pensados para la participación activa de las familias y el disfrute de niños y jóvenes.
Las festividades estarán concentradas en la Avenida de la Libertad, un escenario que permitirá reunir comparsas, congas y variedades artísticas en un mismo espacio, garantizando mayor organización y seguridad para los asistentes.




