Hace algunos años, cada 20 de octubre, como propuesta de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey, OHCC, salen las obras de arte a la luz y ese día repasamos cómo el himno de Bayamo retumbó en nuestro pecho hace 158 años, cuando el patriota Perucho Figueredo sobre su caballo, compuso la letra de aquella marcha, devenida símbolo de identidad nacional.
La identidad la vemos como un contraste que va desde lo sublime hasta la algarabía, esa mezcla de culturas que nos hace únicos y seductores, en una sentida palabra: cubanos.
Hoy para repasar esas estrofas que nos definen, nuestra plaza fundacional fue el escenario para recordar la fecha en que las tropas mambisas, al mando de Carlos Manuel de Céspedes, liberaron la ciudad de Bayamo y el pueblo entonó por vez primera, el Himno Nacional.
Para tan especial efeméride patria, la Oficina del Historiador de La Ciudad, acompañada de las máximas autoridades del PCC, Gobierno y La Cultura, convocó a interpretar la marcha de Bayamo devenida símbolo de la nación.
Especial orgullo afloró entre los presentes, pues 100 voces, compuestas por los pioneros de lasaulas patrimoniales, acompañados de la Banda Provincial de Conciertos, El coro Profesional de Camagüey y los invitados, interpretaron la primera marcha, con sus estrofas originales, de ellas, las dos que hoy son nuestro himno, nacieron de ese canto que invitó a los mambises a defender la patria.
En la acera de enfrente
Al concluir el hermoso acto, nos trasladamos al centro de Interpretación del Patrimonio, en los bajos del Edificio Collado.El inmueble es un bello exponente de la arquitectura ecléctica, ubicado en los alrededores del Parque Agramonte, donde se encuentra desde 2014 la maqueta de la Ciudad, con sus 15 cuadrantes correspondientes al centro histórico.Justo el día de la cultura cubana, la institución también está de aniversario.
La mejor manera de celebrar estas dos décadas de labor fue con la apertura de una exposición de pinturas, que recoge las obras de los niños participantes en el concurso “los colores de mi Ciudad”, que tuvo lugar en el verano reciente.
La recreación de la glorieta del Casino Campestre, ganó la preferencia de los asistentes, pues un niño de solo 12 años, con su imaginación la llenó de colores y vida.
Una nota vocal para cierre
Una vez dentro del salón de la maqueta, la emoción afloró entre lágrimas y sonrisas, al escuchar las voces angelicales del coro Andarín, que con sus gestos y bailes interpretan y sienten la ciudad y sus valores.
La joven agrupación, que dirige Cecilia Riverón, tiene un variado repertorio de música infantil, tanto cubana como internacional, pero sus temas más gustados, esos que hacen bailar a un público de cualquier edady emociona hasta las lágrimas, son de la autoría de Mario Hernández, el abuelo de uno de sus más pequeños cantantes (Lorenzo).
Por eso creo que este cierre dorado para la jornada por el día de la cultura cubana, no pudo ser mejor que el de los andarines con su coro lleno de alegría… Andarín soy yo, Andarín soy yo: que canto, bailo y toco tambor. Ovación cerrada para esos pequeños talentos camagüeyanos.




