De la cultura a la revolución: Eduardo Agramonte.

Foto: Cortesía del autor
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Por: MSc. José Fernando Crespo Baró.

La cultura y la revolución han fungido como crisol de la nación cubana desde las luchas emancipadoras. Los ejemplos son múltiples en nuestra Isla Mayor del Caribe. El portoprincipeño Eduardo Agramonte y Piña nos dejó una traza visible de su compromiso ante la patria y por hacer de ella espacio de cultura y libertad plena.

Su horizonte intelectual.

Eduardo Calixto de Jesús Agramonte y Piña nació en la ciudad de Puerto Príncipe, el 14 de octubre del año 1841[1], hijo de la criolla María de la Concepción de Piña y Porro y de José María Agramonte y Agüero, ambos procedentes de antiguos troncos familiares que arribaron a la villa portoprincipeña en el siglo XVII,  que llegaron a alcanzar gran solidez económica y poder político y social.

Hombre ilustrado, catedrático del Instituto de Aplicación de Puerto Príncipe que devino en el Instituto de Segunda Enseñanza[2], ―algo así como la “Real Universidad Literaria” del territorio―-, adonde ingresó tras titularse de Licenciado en Medicina y Cirugía en el colegio médico de Barcelona, España, por cierto, donde ganó conocimiento de revoluciones y de cambios políticos estructurales[3]. Es importante saberse que su hermano Emilio, por esa fecha concluyó los estudios de Derecho Civil y Canónico en la propia universidad.

De retorno al natal Puerto Príncipe,hacia 1865, Eduardo Agramonte contrajo matrimonio con Matilde Simoni Argilagos, el 3 de junio de 1868, la hermana de Amalia, que esposó con el Lic. Ignacio Agramonte Loynaz, en agosto de ese mismo año. Otro indicio importante sobre su marcado interés por ampliar su universo intelectual se produjo el 17 de mayo de 1865, al quedar registrado como Socio de la Filarmónica de Puerto Príncipe, relevante entidad cultural de la intelectualidad portoprincipeña en la que se daban cita otros muchos jóvenes de aspiraciones libertarias superiores[4].

¿Quiénes más compartieron saberes y valores humanos con Eduardo Agramonte en el Instituto, y en silencio conectaron anhelos de libertad? Antenor Lezcano Noy, Cristóbal Mendoza Durán, Francisco Socarrás Wilson, Enrique José Varona, Ignacio Mora de la Pera, Miguel de Quesada [Loynaz]y el tunero Francisco María Rubalcaba. Todos de ideas separatistas y democrático-liberales enfiladas contra el gobierno colonial español y posteriormente sumados a la Revolución de 1868.

Exactamente el 17 de mayo de 1868, editado por el camagüeyano Ángel Montejo, comenzó a circular en el Camagüey el periódico El Popular. En mayoría sus redactores y directivos fueron conspiradores. Eduardo Agramonte fue uno de sus articulistas de Anatomía, pero nada fue dejado a la casualidad, porque aparecieron en ellos alusiones críticas contra el gobierno español.

Luego vino su sumatoria a la Logia Tínima, a la Junta Revolucionaria de Puerto Príncipe, su activa participación junto a Ignacio Agramonte en las preliminares para levantarse en armas los camagüeyanos y así poder secundar al patriota bayamés Carlos Manuel de Céspedes, ya alzado el 10 de octubre.

Eduardo fue designado jefe del cuarto pelotón de valientes alzados ese noviembre en Las Clavellinas. 

La promesa del intelectual comprometido.

Con fecha 8 de noviembre escribió Eduardo a su padre: «El movimiento de Bayamo y Manzanillo no podía dejar de tener eco en Pto Príncipe y el 4 del corriente, llegados los ánimos al colmo de la exaltación mas de cien hombres casi todos de lo mas rico y principal de Pto Príncipe dieron el grito de libertad cerca de la célebre loma de la Mula, yo no tuve mas remedio que hacer lo mismo no solo por las simpatías naturales, sino porque mis servicios profesionales eran necesarios a todos (…) Fue preciso seguirlos (…) El hazar está echado.»[5]Eduardo cayó combatiendo a fuerzas españolas años después. Cumplió su promesa.

[1]Parroquia de la Soledad de Puerto Príncipe (Camagüey). Libro 21 de Bautismos de Blancos. Folio 53vto., No. 312. Bautizado el 27 de octubre de ese propio año.

[2]A la par de ejercer como médico en el Hospital de San Juan de Dios, Eduardo Agramonte solicitó ejercer en la catedra deRetórica, poética, gramática castellana e idioma francés del Instituto de Segunda Enseñanza; lo que prueba su amplio horizonte intelectual.

[3]Eduardo Agramonte realizó sus exámenes de grado, el 13 de octubre de 1864. Al día siguiente cumplió 23 años de edad.

[4]El Dr. Agramonte y Piña fungió en 1866 como vice secretario de la Filarmónica, para más, socio facultativo honorario de la Sección de Literatura y ese mismo año de la Sección de Música y llegó a ser su vicedirector en 1867. De todo se advierte su responsabilidad y esfuerzos para hacer adelantar la entidad.

[5]Se ha respetado la ortografía original del texto.

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