Depuesto el General en Jefe del Ejército Libertador el camagüeyano Manuel de Quesada y Loynaz, hecho ocurrido en la finca El Horcón en Najasa, el 15 de diciembre de 1870, le sucedería en el mando militar el Mayor General confederado Thomas Jordan (1819-1895), oficial de la West Point quien había desembarcado en la Isla a bordo del vapor Perrit, el 13 de mayo de 1869, pasando al Camagüey donde sería designado mayor general y Jefe de Estado Mayor con sede en el territorio, en octubre de dicho año.[1]
Empero, a pesar de sus sólidos conocimientos del arte militar y de su prestigio personal, a más de las simpatías que profesaría por la causa libertaria de Cuba, por diferencias surgidas entre la oficialidad de la isla en el modo de emprender las operaciones militares, poco tiempo después presentaría su renuncia que aceptaría la Cámara de Representante, decisión tras la cual sería sustituido por el Mayor General Federico Fernández Cavada Howard.
El bravo oficial tampoco estaría mucho tiempo al frente del Estado Mayor del Ejército Libertador, aunque no sería depuesto. Cavada nacido en la región de Cienfuegos, en 1833, había pasado a los Estados Unidos a realizar estudios superiores de ingeniería civil en Filadelfia los que interrumpiría al alistarse en la Guerra de Secesión y alcanzando en la contienda el grado de Teniente Coronel.
A su retorno a Cuba
En 1869, se alzaría en la rica región de Las Villas liderada por el Mayor General Miguel Gerónimo Gutiérrez y demás patriotas locales, en escenario donde Fernández Cavada enriquecería su hoja de servicios a la patria con el ascenso al grado de Mayor General y la designación como Jefe de Estado Mayor.
A decir verdad, durante su breve pero eficaz mando del Camagüey, en los meses de abril a junio de 1870, Cavada libró una activa campaña contra las tropas españolas y de tea incendiaria a las propiedades rurales en manos de ricos terratenientes, de modo particular contra los integrantes del partido administrativo de la rica zona de Caonao que encabezaban los seguidores del antirrevolucionario Napoleón Arango y Agüero. A tal punto llegaría a maldecirse la política de la tea incendiaria librada por Cavada contra quienes se oponían a la guerra o negaban a contribuir en metálico con ella, que igualmente ganaría el mote de “General Cándela”.[2]
En esas circunstancias se haría tenso su mando entre el componente civil de la oligarquía principeña, y a lo que vino a sumarse para mayor agravante la renuncia del puesto de jefe de la División del Camagüey que había sido presentada al Secretario de la Guerra por el Mayor Ignacio Agramonte, en abril de 1870.[3] Separación que hizo temer una sensible disminución de las acciones combativas en el principal teatro de operaciones frente a un enemigo envalentonado, y en coyuntura doblemente peligrosa por estar en el territorio camagüeyano asentados el Gobierno, el Ejecutivo y la Cámara.
La guerra en Camagüey
En tan riesgosas condiciones, Cavada y el resto de la oficialidad camagüeyana, temiendo que las fuerzas colonialistas pasaran a la ofensiva con el empleo de sus contraguerrillas para destruir las bases de abastecimiento y de municiones del mambisado, el Jefe de Estado Mayor cienfueguero dispondría la activación de las operaciones militares sobre las pequeñas unidades y otras fuerzas españolas y suspendería la aplicación de la tea incendiaria a cañaverales y a fincas rurales, contramedidas que evitaron el fracaso de la guerra en el Camagüey.
Otra de las medidas adoptadas por Cavada sería el alejamiento de las familias de las zonas de operaciones a fin de evitarse su captura o muerte a manos de los españoles, quienes no respetarían sus vidas.
Cabe precisar que en el Camagüey no tuvo su estreno la quema de las haciendas de cría de ganado y las estancias de cultivo emprendida por Cavada, ya que dicha práctica había sido aplicada anteriormente con determinado éxito en la región cienfueguera por él y su hermano Adolfo, al punto de destruir el fuego 34 ingenios, 16 potreros de cría y engorde de ganado y 19 grandes fincas de todo tipo.
Agramonte en la historia
Sin embargo, tan pronto el Mayor Agramonte reasumió el mando del Departamento Militar del Camagüey, el 13 de enero de 1871, el Mayor activaría las operaciones militares contra las columnas enemigas y el ataque a los puestos fortificados. Lo realizado en el orden militar por Cavada le valdría al Mayor para fortalecer el mando y la disposición combativa de sus tropas.
Ahora bien, vale recordarse que las familias del Camagüey habían afrontado una situación muy difícil en el año de 1870 al verse amenazadas por el destierro o por el apresamiento y fusilamiento de algunos de sus seres queridos ligados a la insurrección, no resultaría mejor el siguiente año.
En ese primer año hubo que lamentar 45 fusilados, en su mayoría ejecutados tras la tapia de fondo del Cuartel de Infantería ubicado en la Plaza del Vapor. Entre estos, el hijo del Presidente Carlos Manuel de Céspedes, Amado Oscar de Céspedes, y el coronel venezolano Secretario de Relaciones Exteriores del primer gabinete de la República en Armas Cristóbal Mendoza Durán.
En 1871, entre los ocho patriotas ejecutados en nuestra ciudad estuvo el general Fernández Cavada quien, después de ser apresado en Cayo Cruz “en mortal estado de extenuación y delgadez” junto a Juan Bautista Osorio, quien fuera asesinado de inmediato, cayó abatido ante los Remington españoles, el 1 de julio.[4]
Se recuerda en Camagüey
Un obelisco levantado a la vera de la Avenida Finlay en la ciudad de Camagüey tiene incrustado su nombre del corajudo cienfueguero “General Cándela”, que dejara su tierra natal para echarse a morir por la tierra agramontina. Gloria a él.
……………………………
Citas y referencias
[1] El prestigioso general norteño amigo de Cuba abandonaría la Isla, el 9 de marzo de 1870.
[2] Entre otros textos para la confección de este artículo ha sido conveniente consultar a: Mary Ruíz de Zárate: El general Cándela. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974; Eugenio Betancourt Agramonte: Ignacio Agramonte y la Revolución Cubana, Editorial Dorrbecker, La Habana, 1924; Diccionario enciclopédico de historia militar de Cuba. Primera Parte (1510-1898), t., I: Biografías, La Habana, Ediciones Verde Olivo, 2001; Vidal Morales y Morales: Hombres del 68, Rafael Morales y González. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1972.
[3] La carta de renuncia del Mayor Agramonte dirigida al Secretario de la Guerra fue remitida el 17 de enero de 1870, y esta a su vez enviada por Thomas Jordan al Estado Mayor, desde el Ingenio El Oriente, con fecha 18 de enero de 1870. En dicha carta el general norteamericano subrayó: “Estoy satisfecho de que el Mayor General haya adquirido mediante la experiencia y el estudio diligente los elementos del arte militar que con placer le he visto impartir desde que le conozco. La ejecución leal y pronta de las órdenes y un ejercicio cordial de su merecida influencia personal sobre sus oficiales son mucho más necesarios de su parte en este momento que cualquier conocimiento profundo de la ciencia Militar […]”. Por esos días sufría la muerte de su padre el Mayor.
[4] Alrededor de 60 patriotas fueron fusilados detrás del cuartel de infantería española que hacía frente a la Plaza del Vapor, actual Parque Finlay. Al cese de la soberanía española, el otrora cuartel fue convertido en el Hospital General de Camagüey. En la actualidad Hogar de Ancianos “Manuel Ramón Silva”. Por cierto, el obelisco fue realizado no en el lugar preciso de los fusilamientos debido a la negativa de las autoridades ferroviarias norteamericana que proyectaban hacer pasar la vía férrea por el lugar. Años después, el Consejo Territorial de Veteranos de la Independencia ganó la aprobación para levantar la obra al pie de la antigua carretera a Nuevitas.
Foto: tomada de www.todocuba.org










