Por: MSc. Ricardo Muñoz Gutiérrez
Una versión de este artículo fue publicada en los libros de mi autoría Del Camagüey: historias para no olvidar I y Del Camagüey: historias para no olvidar I y II de la Editorial Ácana.
Antonio Lorenzo Luaces Iraola[1], nació en la ciudad de Puerto Príncipe el 11 de junio de 1845 y se graduó de médico cirujano. Durante la Guerra de Secesión de los Estados Unidos alcanzó el grado de coronel en el ejército del norte.
Al iniciarse la Guerra del 1868 en Cuba, regresó en la expedición del Perrit que desembarcó por la península de El Ramón, en la bahía de Nipe en mayo de 1869. Combatió con la compañía de Rifleros, bajo las órdenes del canario Manuel Suárez Delgado y del mayor general Thomas Jordan; posteriormente fue médico de la División del Camagüey bajo el mando de Ignacio Agramonte.
A principios de 1871, cuando la Revolución parecía sucumbir, un antiguo amigo le escribe invitándole a que depusiera las armas y se presentara. La respuesta viril fue la siguiente:
Aconsejarnos que cometamos una infamia, por Dios, acuérdese de los principios más sencillos de moral … aunque la vida tiene su valor, hay cosas que valen más que la vida.
Hay manchas en la reputación de un hombre honrado que infunden más terror, mil veces más, que la misma suerte…[2]
Participó en importantes acciones combativas como el Rescate de Sanguily. Manuel de la Cruz lo describió como un distinguido camagüeyano:
de buenas carnes, de mediana estatura; el cabello, muy fino y rizoso, rubio con tonos castaños … frente convexa, ancha y luminosa; el bigote espeso … La nariz con ligera curvatura de pico de águila, los ojos de un gris azuloso, el rostro de esa blancura satinada de contornos de niño o seno de virgen … Unía en su aspecto la corrección irreprochable del aristócrata inglés Médico experto y profundo, de elevada cultura, tan elevada como su nivel moral, lacónico en el decir … parco que era en tributar elogios … Ignacio Agramonte escribió en su hoja de servicio: Valor a toda prueba.[3]
Bajo las órdenes de Máximo Gómez combatió en La Sacra y Palo Seco. De este último combate cuenta Manuel Sanguily Garrite el episodio del famoso disparo de revólver. Resulta que el capitán mambí Ramón Roa Traviera huía a caballo de un español que pretendía ultimarlo con su espada.
inmóvil, impasible sobre su caballo, en medio de la gran sabana, [Luaces] observaba atento la angustia de Roa, que venía hacia él perseguido por un guerrillero, sin notar que el pávido amigo estaba esperando a que se pusiera a su alcance … entonces, alzando lentamente el brazo, apuntó con cuidado, disparó en el instante preciso, salvando a su compañero, cuyo enemigo, a punto de descargar el machete, había saltado de su montura para caer muerto redondo.[4]
Otra evidencia de sus cualidades humanas ocurrió cuando cinco oficiales y 55 soldados españoles fueron hechos prisioneros y le respetó la vida con el fin de liberarlos. Sin que se consumara la liberación, llegó la comunicación del acuerdo de la República en Armas ordenando el fusilamiento de los prisioneros de guerra como respuesta al trato que las autoridades colonialistas daban a los combatientes y familias cubanas que eran capturadas en la manigua. Gómez, indeciso en cumplir la ley o respetar la promesa convocó a un consejo de los principales jefes para decidir al respecto. Fue la palabra de Luaces la que decidió la liberación de los prisioneros.
Después de la Batalla de Las Guásimas, fue ascendido a coronel el 26 de marzo de 1874. El 19 de abril del siguiente año, cuando Luaces, Reeve, Manuel Sanguily y otros acamparon en el potrero Los Alacranes, a unos 40 km al sudeste de Puerto Príncipe, fueron sorprendidos por fuerzas españolas. Todos corrieron a montar los caballos que pastaban ensillados, pero sin frenos, para darse a la fuga. No había tiempo para más. El caballo de Luaces era el que más lejos estaba y cuando pudo montarlo, prácticamente estaba rodeado por el enemigo.
Sanguily, en su escapada alcanzó a ver a Luaces perseguido por los jinetes enemigos inclinado hacia adelante como si ya pesase sobre él la mole del infortunio inevitable, huía sobre su despavorido caballo y en su rostro observó la resignación a la segura derrota sintiendo a sus espaldas la chillería del pelotón [5] que lo perseguía. Un disparo derriba el caballo y al caer Luaces quedó atrapado por un pie bajo el jamelgo, solo así pudieron capturarlo.
Luaces fue conducido a Puerto Príncipe y presentado ante el brigadier Juan Ampudia, Comandante militar y Gobernador Político; según se cuenta, Ampudia le propone perdonarle la vida si prestaba servicio de cirujano en el ejército colonialista. El patriota se yergue y responde:
- Si yo hubiera tenido la suerte de ceñir mis armas, me hubiera ahorrado la vergüenza de escuchar tales preguntas. El suicidio me hubiera evitado el ultraje que usted acaba de inferirme.
Su respuesta fue la sentencia de muerte aunque fue sometido a un consejo de guerra para cumplir las formalidades. En el amanecer del 21 de abril de 1875, según Sanguily,
… Fue al lugar del suplicio con serenidad asombrosa. Fumó un cigarro en el trayecto, hablando tranquilo, pronunciando frases admirables, exhalando en ellas su alma generosa y grande. Hay quien le oyó decir entre el ruido de la marcha y no sé si los tambores: !!!!!!!!Nada es mejor que morir por la patria.

Fuentes:
-Cruz Manuel: Episodios de la Revolución Cubana. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2001. p. 17, 111-114.
– Diaz Luaces, Diana María: “Antonio l. Luaces Iraola” En Pérez de la Lama (comp.): El Camagüey Legendario, Talleres Gráficos Aval, Camagüey, 1960. p. 165-166
-Hernández Serrano, Luis: Bisturí Mambí. En Juventud Rebelde, s/a, nº. 1048, p. 6, La Habana, 8 de marzo de 2001.
-Muñoz Gutiérrez, Ricardo: Del Camagüey: historias para no olvidar I. Editorial Ácana, Camagüey, 2011. p. 80-84 y Del Camagüey: historias para no olvidar I y II. Editorial Ácana, Camagüey, 2020. p. 127-131.
-Sanguly Garrite, Manuel: Obras, T VI, Páginas de la historia, libro segundo, Imprenta Dorrbecker, La Habana, 1929. p. 119, 121.
INSERTAR IMÁGENES:
1,- Antonio Lorenzo Luaces Iraola<
2.- Instrumental medico de cirugía perteneciente a Antonio Lorenzo Luaces Iraola. Museo Provincial de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz.
[1] El primer apellido de estos patriotas era Lorenzo Luaces, muchas personas han considerado, erróneamente, que Lorenzo formaba parte del nombre.
[2] Diana María Diaz Luaces: Antonio l. Luaces Iraola”. En Pérez de la Lama (comp.): El Camagüey Legendario. p. 165.
[3] Manuel de la Cruz: Episodios de la Revolución Cubana. p. 108.
[4] Manuel Sanguly Garrite: Obras, T VI, Páginas de la historia, Libro Segundo”. p. 119.
[5] Manuel de la Cruz: Ob. Cit. p. 111.


