Prohibido olvidar a los Guerrero

Foto: Cortesía de la autora
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La Ciudad de los Tinajones guarda en el corazón de su trama urbana, en un viejo espacio un palacio, que ya no proyecta sombras chinescas ni melodías de órgano. Es el Teatro Ramón Virgilio Guerrero, conocido por todos como el Teatro Guerrero, una sala de sueños que nació para el pueblo.

Mientras el aristocrático Teatro Principal albergaba a la burguesía local, el Guerrero se alzó en 1928, como una alternativa laica y popular, un espacio donde el humilde trabajador podía sentarse a soñar despierto, sin tener que empeñar el salario de la semana.

Su principal impulsor

La gesta fue impulsada por el Dr. Ramón Virgilio Guerrero, un visionario que no alcanzaría a ver el estreno.

Inaugurado como parte del edificio de la otrora Benemérita Sociedad de Instrucción y Recreo: Santa Cecilia, ubicado en su ala izquierda, el 3 de junio de 1928 y abierto al público un año después, en 1929, fue bautizado con su apellido como un homenaje póstumo. La fachada general lucía el escudo de la ciudad, y el pueblo, con cierta soberbia popular, lo apodó “El Palacio”.

Sin embargo, el tiempo, ese implacable director de orquesta, fue apagando las luces del escenario. El teatro mutó a cine, refugio de la Cinemateca Cubana en la región y sede de importantes Talleres de Crítica Cinematográfica, hasta que el deterioro y el silencio se impusieron  y las butacas quedaron vacías, cubiertas de polvo y olvido.

He aquí un dato curioso

Entre los hermanos del ayer, pioneros en llamarse espiritistas figura el conferencista y periodista: Medardo Lafuente, electo en 1911 como presidente de  la Asociación Espirita “Fe y caridad” quien se mantuvo laborando en ella hasta su regreso al mundo de los espíritus. Fue maestro de varias generaciones de camagüeyanos, formándolos en el bien y el amor a la patria.

Desde entonces los hermanos espiritas se reunían en diferentes casas, las últimas conocidas estaban situadas en las calles General Gómez, Niña, Santa Rita y luego Pobre -134, hoy Padre Olallo número 635, sitio definitivo del templo actual, fundado el 7 de abril de  1929.

El local que actualmente labora las mañanas de cada domingo a favor de la doctrina espirita, fue logrado con la colaboración de muchas personas.

Para conseguir el dinero necesario para la obra constructiva del templo, se realizaron donativos, rifas y colectas, que permitieron el pago de los recursos. Se conoce que el lunetario y el piano, fueron donados por  los dueños del Teatro Guerrero.

Algunos estudiosos del tema, recuerdan que a pocos meses de uso de las lunetas del teatro, se sustituyeron por otras tapizadas y las primeras fueron las que hasta hoy desafiantes al paso de los años, estan preservadas en el templo de ¨fe y caridad.¨

Al sentarse en ellas, sus feligreses no solo tocan la madera; sin saberlo, tocan la historia viva de un teatro que fue el alma popular de Camagüey.

Actualidades

Hoy, el viejo Guerrero espera su resurrección. Está previsto que sea rehabilitado e integrado al Centro de Convenciones Santa Cecilia, donde funcionará como su principal Salón Plenario.

Mientras tanto, las butacas del Guerrero siguen su viaje eterno, demostrando que en esta ciudad, hasta los objetos inanimados tienen una historia que contar y un alma que preservar. Porque el teatro no murió totalmente: sus lunetas, simplemente, cambiaron de función.

Al remover esta historia, prohibimos el olvido de “los Guerrero”, que como el que dío nombre al popular teatro, trajo cultura, espiritualidad  y alegría a los camagüeyanos.

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