Una estatua: Manuel Ramón Silva.

Foto: Cortesía del autor
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Pocos saben del camagüeyano que mereció una estatua de cuerpo entero en el Parque Casino Campestre en Camagüey, obra que fuera colocada con suma justeza muy cercana a la del patriota Salvador Cisneros Betancourt. 

El patriota entero.

Manuel Ramón Silva y Barbieri nació en la ciudad de Puerto Príncipe (5/9/1866), hijo de Manuel Ramón Silva y Zayas, activo conspirador contra el gobierno español desde 1851 con Joaquín de Agüero y años después en la revolucionaria Logia Tínima de la que fuera Gran Maestro. Con posterioridad, integró la Junta Revolucionaria de Puerto Príncipe, cuyas reuniones secretas se desarrollaron en su finca La Luz, en las inmediaciones de la ciudad.

Por esta línea resulta probable que Manuel Ramón tuviera acercamiento al contexto patriótico y conspirativo en que se desenvolvían varios jóvenes principeños, que debieron frecuentar su casa familiar, hacia esa fecha ubicada en la calle Santa Ana señalada con el número 42, con el objetivo de impulsar la insurrección en el territorio.

Identificado por las máximas autoridades militares y de gobierno de la colonia debido al vínculo de su padre con los independentistas camagüeyanos, la familia se vio forzada a trasladarse a la República Dominicana, al seno de la emigración patriótica junto a familias conocidas, entre las que figuró la de los hermanos Martín y Enrique Loynaz del Castillo, este último padre de quien estaría al lado de Máximo Gómez, José Martí y otros jefes de la Guerra de Independencia de 1895. Allí asistió a la escuela de la tía de Enrique Loynaz, a aprender Aritmética, Geografía, Historia, Ciencias y otras materias valiosas, y a oír de costumbres y tradiciones del Camagüey.

Finalizada la Guerra Grande, la familia retornó al Camagüey a la casa situada en la antigua Alameda de la Caridad, desde donde Manuel Ramón partió a la Universidad de La Habana para realizar estudios de Medicina, después de recibir el título de bachiller en el Colegio de las Escuelas Pías de Camagüey.

Sabido por él el llamamiento de Martí a la guerra necesaria del 95 y en contacto con Salvador Cisneros, Francisco Sánchez y otros comprometidos con el alzamiento camagüeyano, Manuel Ramón Silva Barbieri pasó a las filas y órdenes de Salvador Cisneros y del general Máximo Gómez, interviniendo en varias combates, hasta ganar el ascenso a teniente coronel del Ejército Libertador en Camagüey. Luego es electo diputado a la Asamblea de la Yaya, en octubre de 1897, donde resultó elegido Secretario del Interior del Gobierno de la República en Armas.

En la paz de la República.

Al término de la guerra de independencia fue nombrado director del Instituto de Segunda Enseñanza, plantel que abrió puertas en la calle San Francisco, en la edificación marcada con el nro. 8, que perteneciera a la familia Luaces-Iraola.

Manuel Ramón Silva fue electo delegado a la Convención Constituyente cubana en 1901. Foro desde el que rechazó el intervencionismo norteamericano sabido su acercamiento oportunista al presidente republicano Tomás Estrada Palma. Silva al lado de su coterráneo Salvador Cisneros y otros delegados camagüeyanos, rebatió el entreguismo y la sumisión yanqui y la aplicación de la Enmienda Platt.

Luego, el 7 de abril de 1902, al dejarse constituido el primer senado de la República, resultaron senadores por Puerto Príncipe Salvador Cisneros, Tomás Recio, Manuel Ramón Silva y Augusto Betancourt. Cuatro años más tarde, el 17 de abril de 1906, Silva asumió como gobernador provincial de Camagüey por el Partido Moderado, hasta el 5 de abril de 1908 en que fuera destituido por el gobernante yanqui Charles Magoon.

Con honra retornó al cargo de director y catedrático del Instituto de Segunda Enseñanza, desde donde continuó batallando junto al alumnado en defensa de la cubanía y contra la injerencia de los Estados Unidos. No se cansó de hacerlo, al menos, hasta el 12 de febrero de 1919. En esa fecha el médico, orador y patriota, en la casa de la Avenida de la Caridad creyó disparar por última vez su revólver mambí contra la desvergüenza republicana y otros males.

El Consejo Territorial de Veteranos de la Independencia, el Gobierno Provincial y otras corporaciones en la ciudad, le tributaron hondo sepelio y decidieron alzar en la Plaza de la Libertad una estatua a su memoria, la que luego sería desplazada al Parque Casino Campestre.

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