En el viejo Puerto Príncipe o Camagüey de mediados del siglo XIX muchas de las disputas entre un criollo y un español se convertía en querella entre dos bandos con sentimientos políticos diferentes. En junio de 1866, el Capitán General de la Isla escribió a España sobre la situación de la colonia, al referirse a Puerto Príncipe aconsejaba que “[…] puede haber y debe haber un general o brigadier de confianza que con las tropas haga frente a una eventualidad de fuerza más posible allí que en otra parte […]”

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Hay ciudades que al visitarlas se asocian a una bebida. Camagüey pertenece a  una que no se descubre en los mapas gastronómicos, sino en el fondo fresco de un tinajón.

A finales de octubre de 1897, tal como establecía laConstitución de Jimaguayú, se realizó una nueva asamblea constituyente, pues 2 años después,  la guerra continuaba en la manigua cubana.

La extrema situación económica que vivimos hace tiempo me lleva a preguntarme una y otra vez: ¿seguimos siendo buenos cubanos, buenos Camagüeyanos?

La cultura y la revolución han fungido como crisol de la nación cubana desde las luchas emancipadoras. Los ejemplos son múltiples en nuestra Isla Mayor del Caribe. El portoprincipeño Eduardo Agramonte y Piña nos dejó una traza visible de su compromiso ante la patria y por hacer de ella espacio de cultura y libertad plena.