Es el día del amor y la amistad, pensando en una manera original de escribir sobre este sentimiento profundo y vital, tan necesario siempre y más en tiempos difíciles; en un recorrido por la Plaza de los Trabajadores mi vista se detuvo en la estatua a Guillén, entonces me inspiró a buscar en su poesia romántica, en esa menos divulgada y aquí les traigo mi regalo para la ocasión.
Los cubanos hemos vivido días difíciles, pero en medio de tantas adversidades una flor nos puede cambiar el día.
Esta crónica es una historia sencilla, de gente de pueblo, llana y generosa, que con su actuar pueden volver la hoja de tu día triste.
Salvador Cisneros Betancourt fue el cubano de más larga vida política de fines del siglo XIX y principio del XX. Líder del pueblo camagüeyano en las guerras de independencia, donde los militares se robaron los papeles protagónicos y a los civiles les correspondió ——con o sin razón—— muchas veces ser responsables de errores que perjudicaron la contienda militar; Cisneros fue cima del “bando de los civiles” y muchas veces responsabilizado con tales desaciertos. No obstante, solo la personalidad de Ignacio Agramonte impide que veamos a Cisneros como el primero de los patriotas camagüeyanos.
En esta llanura de ganaderos y agricultores, resulta muy familiar que diferentes rutas de la ciudad cuenten con el servicio de transporte alternativo de coches tirados por caballos, para los visitantes resulta una atracción turística y para los citadinos; una forma de acortar distancias.
Aquel 30 de enero de 1969 es una fecha imposible de olvidar. Nacía en Punta de Domingo, de Nuevitas, en un lugar cercano al mar, la primera unidad de 64 megawatts de la termoeléctrica 10 de Octubre, inversión que revoluciono el panorama económico de la ciudad portuaria con su bahía de bolsa.
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