En 1853, dos años después del fusilamiento de Joaquín de Agüero y sus compañeros por alzarse en armas contra España, un hecho que conmocionó a la sociedad de la entonces ciudad de Puerto Príncipe, ocurrió un hecho de profunda repercusión simbólica en la Plaza Mayor de la ciudad, el alcalde José Antonio de Miranda y Boza, “… aprovechó las reformas que se realizaban y propuso ““la siembra de cuatro palmas, una en cada esquina del parque, lo que daría bonito y original aspecto a aquel lugar, centro de reunión de la sociedad camagüeyana…”” que concurría a escuchar las retretas que daban las bandas de música de los Regimientos destacados en la Ciudad””[1].

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Mientras aquel 16 de abril de 1961 Fidel hablaba en las honras fúnebres  de las víctimas de los bombardeos  a los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de Los Baños y Santiago de Cuba, preludio de la invasión  mercenaria, en Matanzas, los alumnos de la escuela de Responsables de Milicias, procedentes de diferentes puntos del país, permanecían en zafarrancho de combate.

En estos días, al conocer la noticia de las funciones que ofrece el Circo Areíto de Camagüey con su carpa nueva emplazada en áreas del Casino Campestre, no pude esconder mi alegría y al momento los recuerdos de mi infancia se agolparon con la magia de esa tradición que aún goza del agrado de chicos y familias enteras.

Nació Enrique José Varona de la Pera en el Camagüey histórico, rodeado de principeños que llegarían a descollar con el tiempo. Tuvo la dicha, por demás, de nacer y crecer a pocos pasos de donde se fraguó la conspiración libertadora del 68, la logia Tínima Nro. 16; y con los años a ganar el aprecio de José Martí.

Ediciones El Lugareño, grupo que difunde a través de sus publicaciones la labor de rescate patrimonial de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey, tiene entre sus colecciones una dedicada a la nombrada literatura infanto-juvenil (LIJ)—o preferida por muchos, literatura para niños y jóvenes— bajo el nombre Futuro, con el fin de educar a las presentes y nuevas generaciones sobre los valores culturales, históricos, arquitectónicos y otros que atesoramos en la urbe agramontina y en la nación en general.