…Ya marchan las tropas que Fidel formó,
ya toman los pueblos, brillan más que el sol,
se escuchan las notas del himno invasor,
cayó el dictador.
(María Aguilar, 7 de diciembre 1958, Comandancia San Miguel del Junco)
La capitana del MININT, María Aguilar Vita, es una de esas camagüeyanas, que asegura no ser mujer de lágrimas, con mucho coraje y decidida a luchar por ver a su pueblo libre del sufrimiento, inició su camino de guerrillera con solo 21 años, su poesía “Sierra Maestra”, denota su esperanza en el triunfo, que estaba tan cerca cuando la compuso.
El principio de su camino
Nacida en una familia de revolucionarios, padres, hermanos, amigos y el novio, se reunían en el comedor de su vivienda, ubicada en la calle Benavides #652, para preparar acciones y los cócteles mólotov con que asustaban a los soldados de la dictadura imperante.
En marzo de 1957 fundaron el grupo TOM (triunfar o morir) que formó parte del Directorio Revolucionario y a la vez del movimiento 26 de julio, en la ciudad.
Sus acciones versaban en provocar apagones, tirar cócteles explosivos en lugares públicos y regar objetos punzantes, para ponchar las patrullas de los soldados al servicio de Fulgencio Batista.
Pero solo unos meses pudo hacerse su trabajo a discreción, pues un chivatazo los llevó a todos a la cárcel y tardarían 9 años en descubrir al soplón.
En prisión
Detenida en la unidad de Avellaneda y luego trasladada a la cárcel de la calle Francisquito, por proteger a sus compañeros y familiares, asumió la culpa de todo el material ocupado.
Los esbirros no le creyeron que con su cara de “mosca muerta” fuera capaz de preparar los explosivos y dirigir al grupo de revoltosos, por lo que mandaron al Negro Goyo para obligarla a confesar.
El Goyo era conocido por sus torturas y abusos aplicados a los prisioneros, María vio como golpearon con manoplas a su novio y sus espaldas sangrando, gritó y fingió locura, pero la golpearon e intentaron violar, 5 días sin dormir retenida en una oficina resultaron una eternidad.
Se aburrieron de maltratarla y presionarla para declarar y finalmente la soltaron, pero sin noticias de su hermano, novio y otros compañeros apresados, temió por sus vidas.
¿Cómo salió de esa?
Un revolucionario infiltrado en la policía logró que la liberaran y la envió al campo para salvarla. Allí comenzó su nueva labor. Llegó hasta la comandancia rebelde de San Miguel del Junco y se inició y trabajó por un tiempo como enfermera, un ataque al campamento mató a su jefe y debieron trasladarse hasta Guáimaro, caminando por entre la manigua.
De Guáimaro continuó junto a su tropa camino a Las Tunas y un contacto con la revolucionaria Teté Puebla, los envió hasta la Sierra de Gibara, donde fundaron un hospital de campaña.
Muchos de sus compañeros quedaron en los combates, al rememorar esos pasajes tan bien guardados en la memoria afloran lágrimas y emociones, me recuerda que no es mujer de llantos, si no jamás habría llegado tan lejos.
Un recuerdo
Se queda en silencio e intenta no llorar, pero sus sentimientos no engañan, quedamos un rato a la espera y con voz entrecortada revela que su poema salió por primera vez en la Comandancia del Junco, el revolucionario Vicente, le pidió que si el caía primero lo recitara en su memoria y el joven cayó, pero el dolor no la dejó cumplir su promesa.
Después del triunfo
Bajó de Gibara el 5 de enero, luego de la Caravana de la victoria encabezada por Fidel, y se incorporó a muchas otras tareas, hasta 1969 que ingresó a la Seguridad del Estado, donde laboró 26 años. Le habría gustado quedarse más, pero las secuelas de la guerra ya manifestaban estragos en la salud, que disimula muy bien, pues a sus 86 es una hermosa dama, de cabellos impecables y distinguida elegancia.
Medallas y distinciones avalan su ardua labor al servicio de la patria, entre ellas las de servicios distinguidos, la de combatiente de la lucha clandestina y de la guerra de liberación, sin embargo, el título más exclusivo es el de haber sido la única mujer guerrillera, que pasó en Camagüey por el MININT.
En varias ocasiones estuvo cerca de Fidel, pero el recuerdo más hermoso fue cuando lo conoció personalmente en Holguín, cuenta que desde la tarima donde habló al pueblo, la miró a los ojos y le saludó con un gesto de la cabeza, la cautivó su barba rojiza a contra luz al caer la tarde… era hermosa e inolvidable.
Hemos conversado largo rato, la lluvia que por estos días ha estado muy presente amenaza con desplomarse; se nos unió el Mayor Santos, quien fue su jefe en la contrainteligencia, somos muy conversadores los tres y se nos fue el tiempo, un relámpago me obliga a despedirme y tengo una última pregunta para la Capitana de la Aurora, cómo la bautizó su ex jefe y amigo: ¿Qué no harías si volvieras a la juventud?
Niega con la cabeza, sonríe y con una sonrisa dulce asegura…volvería a hacer los mismo.





