Por: Enrique Atienzar Rivero
La celebración del 16 de abril, Día del Miliciano, tiene una vigencia valedera, cuando se cumplen 65 años, este 2026, del enfrentamiento al águila imperial en las arenas de Playa Girón, antecedido por los bombardeos a las bases áreas cubanas de Ciudad Libertad, San Antonio de Los Baños y Santiago de Cuba, con aviones que simularon las banderas tricolor de este hermoso caimán.
En una jornada histórica, como esta, la generación actual que no vivió la etapa de abril de 1961, debe saber cuánto atropello vivió el pueblo, bajo el manto de la “democracia”, sin suficientes empleos, escasas escuelas para recibir el pan de la enseñanza, y en zonas rurales, qué hablar y decir de las instituciones de salud.
Recuerdo que en el hospital Manuel Ramón Silva, donde radica el hogar de ancianos, en los predios del Parque Finlay, salvo el área dedicada a pensionistas, el resto era reservado para los llamados cuartos de las “papa”, donde iban a parar los pobres, sin recursos financieros, y los viejos haitianos.
El 16 de abril resume tres momentos de efemérides de importancia para el pueblo cubano: la Declaración del carácter socialista de la Revolución, el Día del Miliciano, en honor a los que enfrentaron a los mercenarios y ofrendaron sus vidas y la fundación del Partido Comunista de Cuba.
El recuerdo de muchos que vivieron ese momento, viene a la mente el discurso de Fidel de despedida del duelo a los caídos por la metralla a las instituciones aéreas y el gesto de aquellos milicianos, que con los fusiles en alto, defendieron la naciente consigna de Patria o Muerte, en las cercanías del cementerio de Colón y las calles 23 y 12 en el Vedado habanero.
“Sirven de ejemplo estos hombres que cayeron, dieron sus vidas y sirvieron de ejemplo para los quejosos, para los débiles, para los impotentes…”, señaló Fidel, quien caracterizó al enemigo de reaccionario, poderoso, que no solo causa pérdidas de vida, sino que amenaza con nuevas agresiones.
Como se ha dicho, la quinta columna, organizada por la CIA, fue una mera ficción, los principales jefes que tenían la responsabilidad de desencadenar la desestabilización fueron descubiertos y detenidos en el momento oportuno por los Órganos de la Seguridad del Estado, con la cooperación de los CDR y el pueblo, movimiento en el que Camagüey no fue una excepción de enfrentamiento para vencer a los apátridas.
Dolorosamente de Camagüey se inscribieron en la relación de los que ofrendaron sus vidas en los hechos de uno de los aeropuertos en la capital y en las arenas de Girón, fallecidos en el momento o después, los nombres de Rolando Valdivia Fernández (de Florida), Rolando Espinosa López (de Najasa), Dagoberto Rojas Rodríguez, obrero agrícola de Camagüey y Marcano Guevara Carvajal, nacido en Chambas y quien radicó en Tabor, Esmeralda.
El artículo cierra con una cita de José Martí, nuestro Héroe Nacional: “La capacidad para ser héroe se mide por el respeto que se tributa a los que lo han sido”.



