
La madre de agua
Joseph Hernández la vio mientras caminaba cerca de una algarroba. A ese majá lo llamaban madre de agua, era invulnerable, incluso a las balas, y cuando tenía hambre podía comerse
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Joseph Hernández la vio mientras caminaba cerca de una algarroba. A ese majá lo llamaban madre de agua, era invulnerable, incluso a las balas, y cuando tenía hambre podía comerse

El capitán Cristóbal de Lugones inspeccionó meticulosamente la carga y comprobó que estaba suficientemente asegurada para el viaje del embarcadero de la Guanaja al de La Habana. Cueros de vacuno,

Casi todos los atardeceres se sentaba en la orilla del mar a contemplar la “caída” del sol. Ese espectáculo lo conmovía y lo hacía suponer que estaba en el paraíso,

Solo quizás muy pocas personas la recuerden, pues hace muchos años se fue al olvido. Se convirtió en una recordista cubana a fuerza de asombros, tierra adentro en la provincia

Cristóbal de Lugones inspeccionó meticulosamente la carga y comprobó que estaba suficientemente amarrada para el viaje al embarcadero de la Guanaja, en tránsito a San Cristóbal de La Habana. Cueros

Solo quizás muy poças personas la recuerden, pues hace muchos años se fue al olvido. Se convirtió en una recordista cubana a fuerza de asombros, tierra adentro en la provincia

Gabriel Llerena se levantaba temprano para preparar el desayuno en su pequeño mesón El Resplandor. La oferta consistía en tasajo, casabe y jugo de piña. Utilizaba un fogón de leña

Joseph Hernández la vio mientras nadaba en la superficie cerca de un algarrobo, y le calculó ocho varas de largo. Había avistado a la madre de agua, un enorme majá

A la caída del sol, y mientras retiraba ropa de la tendedera, sintió un movimiento en el bosquecillo aledaño. Unos minutos después apareció un perro y ella, asustada, regresó a

–Señor alcalde, la Plaza de Armas está repleta de auras. –A ver Blas de los Santos, explíquese, explíquese, ¿pero hay algún animal muerto? –No señor alcalde, ninguno, y hay tantas

¿Dónde están las huellas del segundo sentamiento de la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe? Es un misterio que hasta hoy ha llegado con más de cinco siglos

El día antes, paseó por la Plaza de Armas de la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, y perfiló sereno la nueva fechoría. Sopesó los pros y los

Era el más famoso salador en la jurisdicción de Santa María del Puerto del Príncipe. Su rapidez y calidad resultaban proverbiales, y comensales de carnes conservadas y artesanos en pieles,

Pedro Viamontes detuvo el caballo y también lo hicieron los demás miembros de la partida de rancheadores de esclavos cimarrones. La vista era excepcional y todos en silencio, contemplaron la

Baltasar de Escalante se ufanaba de no vender en su negocio carne de vacuno, principal plato de la mesa en Santa María del Puerto del Príncipe. No temía la competencia

El pirata francés Jean Lafitte estaba ansioso y apesadumbrado. Desde los 14 años de edad andaba enrolado en correrías marítimas y no resistía estar encerrado en el hospital de San

A Juan Alarcón se le fue la mano con Aguardiente de Jamaica y caminaba dando tumbos, en una noche sin luna por la calle de la Iglesia Mayor. Tenía el

Es un pacto sagrado con el barro. Es un pacto sagrado con un material que el Hombre utiliza desde la prehistoria. Las manos y la espátula dan fe de ese

Benedicto García vivía en un bohío a orillas del Hoyo de Bonet, en la Sierra de Cubitas, al norte de la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe. Su

Pedro Viamontes se jactaba de ser el único cagüeiro de la jurisdicción de Santa María del Puerto del Príncipe. Mucha gente le decía que no podía ser el único, pero

Lucas Guillén del Castillo Batista y el indio Francisco Pérez Naharro, montaron en caballos robustos de siete cuartas, con las alforjas repletas de alimentos y garrafones de agua. Ambos estaban

Juan Manuel Mexía de la Paz y su amigo Joseph Pardo, derribaron los árboles con hacha y serrote. Fueron varios días de arduo trabajo con las sudoraciones tempestuosas, en un

Era el más famoso escribano de San Cristóbal de La Habana, y su escribanía, cerca del Castillo de la Real Fuerza, tenía enormes ventanales y un extenso balcón por los

Meditó en que no vendría mal un entrenamiento real antes de dirigirse a San Cristóbal de La Habana, y volvió a recordar las enseñanzas recibidas de Francoise Le Clerc, alias

El portugués Roque da Silva, emigrado a Santa María del Puerto del Príncipe, tenía una vida próspera y una obsesión insofocable: fundar el poblado de Tana, a orillas de

Especialistas de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey (OHCC) participarán en la elaboración del Atlas Web de Camagüey (AWeC), que será el primero regional, de carácter digital,

Gerónimo de Ballester volvió a sentirse en extremo feliz por volver a llegar al embarcadero de La Guanaja. Era el capitán del velero Ave María, y bajó a tierra en

Quizás los vendedores ambulantes del periódico El Camagüeyano anunciaron, el 25 de marzo de 1924, –hace cien años– que un tal Interino asumía desde ese día la sección Pisto Manchego.

Gonzalo de Silva arribó a Santa María del Puerto del Príncipe altivo como una palma real y gozoso por convertirse en el primer profesor de música en esa Villa. Llegó

No necesitó millones de años para que la naturaleza la forjara, ni es subterránea. Ni la originó el desgaste producido por el tránsito de aguas subterráneas entre las rocas, ni

(Este cuento pudiera haber sido dedicado a su protagonista, uno de mis ancestros, según un árbol genealógico rigurosamente verificado, pero la crueldad de ese personaje me impide la dedicatoria).

Legó una carga sospechosa plasmada en un testamento. Y eso fue una extraordinaria contracción, pues era el obispo de Cuba, entonces la mayor autoridad religiosa en la Isla. Más de

Juan de Orellana salió de al amanecer de la Villa de Santa María, del Puerto del Príncipe –fundada el dos de febrero de 1514– cuando una intensa bruma se enseñoreaba

Diego de Ovando, delegado de Diego Velázquez, ordenó el alto tras divisar un promontorio adentrado en la bahía, coronado por dos colinas, y una planicie contigua a un acantilado. Entonces

A Silvestre de Balboa le han puesto muchas piedras en el camino. Dijeron que era un personaje ficticio, lo que fue desmentido con pruebas suficientes. También calificaron de falsa autoría

El escritor norteamericano Ernest Hemingway se paró sobre la proa de su yate Pilar y con unos binoculares comenzó a disfrutar un paraíso de tierra y agua: la cayería norte

Existe y no existe, aunque ese sea, a la luz de la razón y del correcto uso de las palabras, un notorio contrasentido. ¿Cómo que existe y no existe? La

Sebastián Gutiérrez conducía mercancías casi de sol a sol. Tenía una carreta con una yunta de bueyes y cubría el tramo desde el embarcadero de la Guanaja –al norte de

El parque Agramonte tiene en mi memoria hincaduras imborrables. Se han atesorado en mi vida, de 72 años, transcurrida en una casa a media cuadra de ese recinto; sector central

A las siete de la mañana la negra cerrazón presagiaba una lluvia diluviana. –Quizás no podré salir esta mañana-, afirmó Thiago Stefan da Silva y volvió a contemplar su velero,

–Vade retro, Satanás- dijo tres veces enérgicamente, en la Parroquial Mayor, Bernardo Francisco Guevara y Zayas, comisionado del Santo Oficio de la Inquisición en la Villa Santa María de Puerto

Un submarino nazi fue hundido a unas tres millas del faro de Maternillo, frente a la bahía de Nuevitas, en el norte de la provincia cubana de Camagüey. El faro

El oidor Francisco Manso de Contreras, de la Audiencia de Santo Domingo -Primada de América- arribó soberbio y acompañado por 40 hombres a Santa María del Puerto del Príncipe. Llegó

Tenía la mirada fría y penetrante, como la de un águila al acecho. Su nueva residencia estaba en La Habana, donde posiblemente el Almendares le recordó al Neman -el río

Signada por su notorio carácter antiesclavista, la novela Sab, de la camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda, tiene otra singularidad prácticamente desconocida: es posiblemente el primer texto literario con alusiones a

En una de sus vehementes proclamas de amor por su ciudad natal, Nicolás Guillén escribió Mis queridas calles camagüeyanas, una crónica profusa en personas y lugares atesorados en la memoria
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