La inteligencia suprema de Fidel

Foto: Cortesía del autor y Otilio Rivero Delgado
Share on facebook
Share on twitter

Por: Enrique Atienzar Rivero 

Desde la llegada de Fidel al Instituto Politécnico de la Salud Dr. Octavio de la Concepción de la Pedraja, el joven psicólogo Gilberto Jardines García, estrenado como director de la institución no perdió ni pie ni pisada al Líder Histórico de la Revolución.

El día anterior fue que tuvo cierta referencia de que inauguraría el plantel y la obra en su conjunto. Iniciaría con el acto el curso escolar en todo el país, aquel 4 de septiembre de 1978. El centro se integraría al complejo de instituciones de la salud, a la vera de los hospitales Manuel Ascunce, oncológico María Curie y la maternidad obrera Ana Betancourt.

Jardines, a cuarenta y ocho años del hecho y próximo a cumplir 75 de edad, recordó que en la entrada principal lo esperó y al llegar le dijo: “¿Comandante, qué lugares le interesaría visitar? A lo que respondió: “¿No eres mi guía? Emprendamos el recorrido”

La visita comprendió los laboratorios y demás instalaciones, la revisión de la base material de estudio del que fuera el primer politécnico de su tipo en Cuba, diseño concebido por la arquitecta camagüeyana Caridad Amador Caballero y replicado en el resto de las provincias cubanas.

Fidel era una persona que hacía muchas preguntas y trajo al presente porque los microscopios no eran los adecuados. Razonó que se podían haber adquiridos en otro país, no en el que se compró.

Frente al área dedicada a las dietas preguntó si los cubiertos eran de adorno y Jardines respondió que allí se traían a los alumnos para que comieran. Mirando fijo al director dijo: “Tú eres muy inteligente”. Claro, contesté todo lo que me preguntó.

“Había que ver a Fidel con que energía caminaba, la intención de conocer, sabía de todo y con una inteligencia suprema y el interés de ayudar”.

El testimoniante sostuvo que el pueblo lo quería y era capaz de persuadirlo, como sucedió cuando algunos escépticos plantearon que las primeras elecciones serían un fracaso, argumento con suficientes elementos del porqué había que acudir a las urnas. Al final, lo vimos en Camagüey, acudieron al sufragio y votaron el 98,7 de los camagüeyanos.

Era un hombre con una honestidad tremenda, era autocrítico, y trajo al presente la explicación que dio cuando en Cuba no se llegó a los diez millones de toneladas de azúcar en la Zafra del Setenta.

En su discurso, dijo Fidel aquel día: “A decir verdad, esta instalación ha quedado, nos parece, muy bien. Hemos tenido la oportunidad de visitar los laboratorios, la base material de estudio, y es realmente excelente”.

“El proyecto parece funcional, la terminación se ve bien hecha, y creo que podemos sentirnos satisfechos de empezar a contar con instituciones como esta. Y nos llena de alegría pensar que cada provincia tendrá la suya, y que algunas tendrán varias”.

“El equipo que lleva una de estas escuelas, el equipamiento como base material de estudio, cuesta alrededor de 300 000 dólares, de modo que no piensen que es una cosa muy barata”.

“Y hay que hacer gastos y hay que hacer esfuerzos. Por lo tanto, se requiere de ustedes un buen mantenimiento y el mayor cuidado con esos equipos. En algunos casos, como el de los microscopios, los que tiene son prestados, puesto que los que corresponden a la escuela todavía no han arribado al país. Pero en general se cuenta con un material de óptima calidad”.

La entonces subdirectora del plantel, María Cristina (Piquitina) Nápoles  López,  hoy  jubilada,  recuerda la llegada de Fidel.

Ella recibió la misión de permanecer en el laboratorio multidisciplinario: “Lo esperé en la puerta central; él saludó, me dio un beso, se colocó frente a la primera  mesa  de  trabajo  del  laboratorio e inició una conversación con la arquitecta que diseñó la inversión”.

La entrevistada relató que a Fidel le llamó  la  atención  que  los  microscopios que estaban allí no eran los que debían  utilizarse  por  los  estudiantes  y  explicó,  con  ese  conocimiento  que  siempre  tuvo,  que  se  trataba  de  un  equipo  de  platina  fija,  de  Pasteur,  no  el  que  exigía  la  especialidad  y  cuya  adquisición se había solicitado.

En  otro  momento  del  recorrido  por  el  amplio  salón,  el  Comandante  en  Jefe  se  percató  de  que  no  había  hablado  con  ella,  regresó  hasta donde  estaba Piquitina y le puso la mano en el hombro.

“Me  preguntó  ‘¿Tú  que  estudiaste?’,  le  respondí  que  Laboratorio  Clínico,  me  dio  palmaditas  en  el  hombro  y  continuó  su camino. Eso fue algo maravilloso, me quedé  impresionada;  temblé  y  lloré  de emoción”.

No  sería  la  primera,  ni  la  única  vez  que vio de cerca a Fidel. Lo hizo también  cuando  niña  en  el  poblado  de  Minas, su pueblo natal, y durante la visita  que  realizara  al  Instituto  Superior  de  Ciencias  Médicas  Carlos  J.  Finlay  (hoy  Universidad  de  Ciencias  Médicas) para compartir con los estudiantes y profesores.

La  intención  fue  abrir  el  curso  1978-79  con  un  centro  de  este  humanitario  sector, contexto en el que se resaltara la importancia  de  la  formación  de  los  médicos  y  técnicos  de  la  salud  que,  además de atender a nuestro pueblo, tiende  sus  manos  solidarias  a  otras  naciones del mundo.

De esta historia quedan muchos pasajes por contar y lo reserva en su memoria Jardines, quien estuvo poco tiempo en el politécnico y después ejerció la especialidad de Psicología en la policlínica José Martí hasta su jubilación, aunque volvió a reincorporarse para seguir ofreciendo servicio al pueblo.

Más relacionados