Jimaguayú, reverencia permanente al Mayor

Foto: Cortesía del autor y Leandro Pérez
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Por: Enrique Atienzar Rivero 

Han transcurrido 153 años de la caída en combate de Ignacio Agramonte,  acaecido el 11 de mayo de 1873, en el potrero de Jimaguayú, cuyo lugar  se mantiene como sitio de reverencia permanente al Mayor.

En este momento viene a la mente la visita realizada por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y vivencias que narró Giraldo Mazola Collazo, dirigente político de Camagüey, quien tuvo la honra de acompañarlo.

Como se ha dicho el bravo hijo del Camagüey estremeció los llanos con su caballería y llegó a ser uno de los más insignes jefes mambises.

Durante uno de sus viajes a Camagüey, el Comandante pidió llegar hasta Jimaguayú.

Allí, actualmente un acogedor entorno, indagó sobre cuánto había cambiado la zona, luego de 100 años; a no ser por algunos campos sembrados de pangola o la construcción de dos o tres viviendas más, aquel gran potrero permanecía casi igual al fatídico día.

Crecía aún la hierba de guinea entre la que se camufló el grupo de tiradores que, a corta distancia, derribó al Bayardo de su caballo Ballestilla.

Esas ideas originales que caracterizaron a Fidel, cuenta Mazola: “…se ubicó en el lugar donde corren dos arroyitos que mueren en una ye (Y) y a  Agramonte lo mataron en la punta donde se unen”.

“Él quiso caminar por allí, y nos puso a todos a seguirlo. Si no nos dice para qué hizo eso, nos hubiésemos quedado sin saberlo», dice Mazola, quien, extrañado, vio cuando el Comandante fue hasta el jeep y regresó con un libro que el general espirituano Serafín Sánchez había escrito años después de la muerte de El Mayor.

Fidel nos dijo: «Si a mí me ocurre algo similar a lo de Agramonte, cuando teníamos rodeado a Quevedo, el único que sabía cómo era el combate, era yo, porque si le preguntan 30 años después a Guillermo [García], puede tener la idea de su zona, pero no tenía el plan completo.

Lo mismo pasó con Serafín, porque quien conocía toda la estrategia era Agramonte y lo que lo mató fue su audacia, pues en vez de haberse quedado un poco más atrás, quiso ganar tiempo y atravesar, por lo que la vanguardia española, escondida en la hierba alta, vio su caballo y disparó”.

Valido que en el Centenario del Natalicio del Líder Histórico, que se cumple el próximo 13 de agosto tener presente la expresión de Mazola:

“Él no solo miraba con luz larga e iba al futuro, sino que, con esa misma luz, viajaba al pasado para revisar nuestra historia, y lo hacía con una sagacidad, con una objetividad”.

El 11 de mayo de 1973, durante la velada por el centenario de la caída de Ignacio, el Comandante expresó: «[…] Y si queremos saber cómo deben ser nuestros tanques en la hora del combate: ¡deben ser como la caballería camagüeyana de Ignacio Agramonte en el rescate de Sanguily! […]».

Las fotos que acompañan el artículo aparte del monumento original que se erigió hace años, bajo los auspicios de la Oficina del Historiador de Camagüey, es una semblanza de lo acogedor del entorno, enriquecido con un espacio llevado a una maqueta de los acontecimientos, lugar de reverencia permanente al Mayor.

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