Por: Enrique Atienzar Rivero
Mientras aquel 16 de abril de 1961 Fidel hablaba en las honras fúnebres de las víctimas de los bombardeos a los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de Los Baños y Santiago de Cuba, preludio de la invasión mercenaria, en Matanzas, los alumnos de la escuela de Responsables de Milicias, procedentes de diferentes puntos del país, permanecían en zafarrancho de combate.
Entre ellos se hallaba el camagüeyano, nativo de Lombillo, en Esmeralda, Juan Horta Trujillo, uno de los artífices de aquella epopeya, donde el país se jugó todo por el todo por la supervivencia de la Revolución.

Cuenta que el 17 se originó el desembarco y que la primera unidad que llegó, fuera del área, “fuimos nosotros y, sobre la marcha, se constituyó el batallón de combate de cerca de 800 hombres, de estudiantes, profesores, y jefes de escuela”.
“Era la única tropa que tenía alguna preparación militar, porque nos adiestrábamos con la finalidad de retornar a nuestros centros de trabajo y áreas para darle preparación para la defensa a las milicias. Los que estábamos allí éramos jefes de determinados nivel de mando”
Horta recordó que alrededor de las nueve de la mañana estaban haciendo contacto con los mercenarios que se lanzaron en paracaídas, aproximándonos al área de desembarco. El desembarco aéreo transportado duró menos que un merengue en la puerta de un colegio, subrayó el entrevistado.
Las acciones de la escuela –cita Horta—se extendieron hasta el 18 por la mañana, en que los habíamos sacado desde sus posiciones; llegó la columna 1 y el batallón de la Policía Nacional Revolucionaria.
El Comandante en Jefe indicó que “nosotros saliéramos, incluso, como a las ocho de la mañana ordenó el regreso al central Australia a reorganizar el batallón ante las pérdidas de bajas”.
– ¿Me dijiste que viste a Fidel?
“Se le veía frecuentemente, pasaba unas veces en jipi, en cualquier otro vehículo y en tanque. El 17 en dos ocasiones lo vi cerca de Palpite. El 18 y 19 varias veces cuando nos dijo que el enemigo estaba derrotado”.
– ¿Qué impresión te causó Fidel?
“La de siempre, el jefe insustituible, el jefe guía, que no esperaba a que los subordinados estuvieran en peligro, si había peligro estaba allí, junto a su tropa. Según nos contaron que en la Sierra Maestra era lo mismo”.
El día 22 de abril por tren retornaron y en la terminal del ferrocarril lo acogieron los camagüeyanos.
Finalmente a la pregunta: ¿Fue un orgullo para ti haber integrado las tropas que infringieron la primera derrota militar a Estados Unidos en América Latina?, respondió:
“Hay quienes plantean que no se puede decir orgullo, de que es un deber, pero en realidad, siento orgullo”.



