María Aguilar Barrero, camagüeyana al servicio de la independencia de Cuba

Foto: Cortesía del autor
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Por: MSc. Ricardo Muñoz Gutiérrez

La presente síntesis biográfica de María Aguilar Borrero es, fundamentalmente, una versión enriquecida del artículo de Gustavo Sed Nieves, María Aguilar Barrero, publicado en el periódico Adelante el 9 de junio de 1977.

Desarrollo

En el seno de una familia de posición económica desahogada, María Aguilar Barrero en la ciudad de Puerto Príncipe, hoy Camagüey, el 4 de septiembre de 1854, hacía solo tres años que la población había sido estremecida por el levantamiento armado de Joaquín de Agüero y Agüero y la muerte de nueve patriotas, cinco en el combate de San Carlos y cuatro fusilados en la sabana de Méndez el 12 de agosto.

A dos meses de María haber cumplido los 14 años de edad, el 4 de noviembre de 1868, se produce el alzamiento de los camagüeyanos, secundando el movimiento revolucionario iniciado por Carlos Manuel de Céspedes en su ingenio La Demajagua.

Poco tiempo después María Aguilar abandonó la ciudad, pues su madre Sacramento Borrero partió al campo insurrecto donde varios de sus hermanos se habían incorporado a la manigua insurrecta. Así lo hicieron muchas familias insurrectas, abandonaron la ciudad donde se vivía bajo la mirada acusatoria y represión de las autoridades españolas dispuestas a compartir con los suyos los peligros y las penalidades de la guerra.

Durante la ofensiva militar española de 1870, las columnas españolas recorrían el territorio sin que las fuerzas insurrectas pudieran enfrentarlas y las familias mambisas se internaban en los montes, cambiando de lugar en muchas ocasiones para evitar la persecución de las guerrillas que no respetaban las vidas de las mujeres, niños y ancianos; pero, mientras más intrincado en el monte menos se encontraba lo suficiente para la alimentación; mucho menos medicinas en caso de enfermedad. La historia recoge muchas muertes por inanición y enfermedades que en condiciones normales de la época no conducían a la muerte.

Entre estas familias se encontraba la de María Aguilar que fue de las que vivió trasladándose constantemente de un campamento a otro, con la finalidad de evitar la persecución de las fuerzas españolas.

El 20 de agosto de 1870, María se encontraba refugiada con la familia del comandante del Ejército Libertador Rafael de Varona Varona, Pío, y otras mujeres en un rancho en un claro de los montes de Curana. Ese día, que había amanecido con la presencia del comandante, el lugar fue asaltado por una fuerza española y Pío enfrentó al enemigo; pero es herido y capturado por los españoles quienes le cortaron las manos, le sacaron los ojos y mutilaron sus órganos genitales antes de darle definitiva muerte.[1]

No satisfechos, ataron el cadáver a la cola de un caballo para arrastrarlo en todas direcciones frente a las mujeres y niños prisioneros que fueron obligados a presenciar el horrendo espectáculo y conducidos posteriormente a la ciudad de Puerto Príncipe.

El destino de los prisioneros en estas circunstancias podía ser el de vivir en la ciudad —si se retraían de haber militado en las filas insurrectas y admitían su error—presentándose frecuentemente ante las autoridades militares, la prisión o el destierro. María fue deportada y viajó a Santo Domingo donde permaneció hasta el Pacto del Zanjón, en que volvió a su ciudad natal.

Las penalidades y privaciones de la guerra, y los días difíciles de su captura y destierro, lejos de amilanarla, le infundieron valor para continuar en su firme propósito de luchar contra la independencia de la Isla de Cuba. En 1894, al reanudar los camagüeyanos las actividades conspirativas, se dedicó por entero, a colaborar arduamente con Salvador Cisneros Betancourt, en los preparativos del movimiento insurreccional.

La insurrección del territorio oriental el 24 de febrero de 1895 fue seguida por los camagüeyanos con algunos alzamientos aislados y sin importancia; solo el 5 de junio cobró fuerza con el alzamiento de Cisneros y la entrada de Máximo Gómez a la provincia; a partir de ese momento María Aguilar quedó encargada en la ciudad de velar del estricto cumplimiento de las orientaciones de las autoridades civiles y militares cubanas y la ayuda a las familias de los insurrectos.

El 8 de enero de 1897 fue detenida por orden de Federico Ordaz Avecilla, máxima autoridad española, e internada en la cárcel con Concha Agramonte Boza y Ángela Malvina Silva Zayas, mujeres que colaboraban con la revolución. La importancia de sus actividades quedó evidenciada en el informe rendido por la policía al gobernador de Puerto Príncipe al consignar: “…La gestión separatista de esta señora es antigua y constante, y tiene talento y habilidad para sustraerlas a las más finas diligencias”.

Después de permanecer incomunicada más de mes, fueron trasladadas a La Habana donde ingresaron en la casa de las Recogidas, hasta que la Capitanía General, el 2 de marzo, ordenó su deportación.

En el extranjero, María continuó trabajando por la libertad de Cuba mediante su trabajo en un club revolucionario de Nueva York. Al finalizar la contienda regresa a su ciudad natal.

El 9 de junio de 1915, falleció en Camagüey María Aguilar Borrero, una mujer que prestó valiosos e innumerables servicios a la causa independentista.

Fuentes:

– Gustavo Sed Nieves: María Aguilar Borrero, Adelante, 9 de junio de 1977.

– Muñoz Gutiérrez Ricardo: Del Camagüey; historias para no olvidar I. Editorial Ácana, Camagüey, 2011. p. 58-60 y Del Camagüey; historias para no olvidar I y II. Editorial Ácana, Camagüey, 2020. p. 85-87.

[1] Ver: Muñoz Gutiérrez Ricardo: Del Camagüey; historias para no olvidar I. p. 58-60 o Del Camagüey; historias para no olvidar I y II. p. 85-87.

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