Por: MSc. Ricardo Muñoz Gutiérrez
Cuando los Estados Unidos intervinieron en la Guerra de Independencia en 1898, lo hicieron con el propósito de anexarse a Cuba. Al cesar el dominio colonial, 1º de enero de 1899, e iniciarse primera ocupación militar norteamericana, los gobernadores militares yanquis tenían por encargo preparar las condiciones para la anexión; pero, muy pronto, comprendieron que el sentimiento nacional, ideal independentista y el objetivo de crear una república soberana de los cubanos era muy arraigado y la anexión era imposible.
Entonces, maniobraron para establecer un protectorado, extender el tiempo de la ocupación y por último, ante la exigencia de los patriotas cubanos, crear un estado republicano aparentemente soberano. El general y gobernador militar de Cuba Leonardo Wood dictó la Orden Militar convocando a elecciones para una Asamblea que elaborara la Constitución de la República de Cuba y como parte de ella definiera las futuras relaciones con los Estados Unidos; asunto que no era constitucional y sí, determinaciones de los gobiernos constituidos.
A pesar de las protestas que generó la indicación, Wood continuó insistiendo. Recorrió la Isla para influir en las elecciones de los delegados; En Puerto Príncipe, amenazó diciendo: “si los miembros elegidos para formar la Convención Constitucional no eran personas de ciencia y experiencia, y que por sus condiciones no ofreciesen una garantía de estabilidad al Gobierno elegido, los Estados Unidos no se retirarían de Cuba.”[1] En el discurso inaugural de la Asamblea, 5 de noviembre de 1901, el gobernador militar reiteró la pretensión yanqui sobre la formulación de las relaciones con los Estados Unidos; asunto que generó respuestas patrióticas de Salvador Cisneros, Juan Gualberto Gómez, Lacret Morlot y un rechazo tácito por todos los asistentes.
En las semanas siguientes, mientras se debatía el articulado, el asunto de las futuras relaciones se mantuvo latente entre los convencionales, la prensa y la sociedad. Ejemplo es que Cisneros solicita una sesión pública de la Convención para deliberar sobre tres imprescindibles interrogantes sobre las relaciones: ¿formarán o no parte de la Constitución? ¿son iniciativas cubanas o indicación de los Estados Unidos? y finalmente ¿la Constitución debe someterse a la aprobación de los norteamericanos? [2] Trataba de enfrentar el peligro y obligar a los constituyentes a demostrar sus verdaderos sentimientos. También, habían cubanos que no creían en la capacidad del pueblo cubano para autogobernarse y veían con buenos ojos la supeditación al Norte.
El 21 de febrero, sin conocerse aún el dictamen de una Comisión que estudiaba las relaciones futuras, los asambleístas firmaron la Constitución de la República de Cuba sin incluir el asunto de las relaciones. Seis días después Juan Gualberto Gómez presentó a la Asamblea el dictamen de los comisionados rechazando toda intromisión en los asuntos internos de la isla y declarando que la definición del futuro de las relaciones entre Cuba y los EU era asunto del futuro gobierno de la Isla y no para la Constituyente.
Mientras esto sucedía en Cuba, en los EU, a partir del 26 de febrero y en solo cinco dias, tiempo relámpago, aprobó el Congreso y el presidente, una enmienda a la Constitución de Cuba, la Enmienda Platt para convertir en ley sus sueños de dominación.
Aunque anteriormente sus postulados habían sido sugeridos informalmente a los constituyentistas, el 7 de marzo, se leyó en la Asamblea la arrogante comunicación de Wood sobre la Enmienda Plat, se exigía —para la entrega del poder a los cubanos— la inclusión del humillante documento como apéndice a la Constitución.
En las semanas siguientes, los asambleístas discutieron el ofensivo proyecto y se fueron delineando diferentes posiciones: los partidarios por convicción de la aprobación, los que la aceptaban como el menor de los males y los convencidos que la aceptación constituía la frustración del ideal independentista.
El texto carecía de palabras en beneficio de Cuba y, entre otras cosas, la obligaba a aceptar el derecho de los EU a la intervención militar y, aunque declara que Cuba no cedería control sobre ninguna porción de su territorio a otro país, estipulaba que Isla de Pinos, sería omitida de los límites de Cuba y la obligaba a conceder territorios para bases navales norteamericanas. Para Cisneros, lo que pretendían era “…tener un motivo de discordia para quedarse con la Isla, que ha sido, es y será el propósito de toda su vida…” No obstante, ante la intransigencia yanqui de no irse si no es con Enmienda, llamó al rechazo y sosteniendo: “…Independencia absoluta o nada…”[3]
La prensa de la época reflejó el gran debate que involucró a la sociedad cubana; durante los meses siguientes, informó las opiniones de importantes personas de la vida política, publicó infinidades de artículos y los pormenores de las reuniones de los asambleístas, que reflejaban los sentimientos y actitudes de los constituyentista y los resultados de las diferentes votaciones al respecto en el órgano legislativo cubano. El 28 de mayo, una votación —no definitiva— favoreció la aceptación y provocó una gran frustración.
El 12 de junio de 1901 se produjo la votación definitiva, la imposición de la Enmienda Platt se concretó; 16 votos a favor y 11 en contra. La derrota de las fuerzas patrióticas marcó a la República con un signo de fatalismo y pesimismo.
Los temores de los buenos cubanos se habían confirmado; el lobo se había quitado la careta. Así lo hará muchas veces en el futuro.
Fuentes:
-Cisneros Betancourt, Salvador: Llamamiento al pueblo americano a favor de Cuba. Folleto 2°. Habana, Imprenta La Prueba. S/f.
————————————: Resultado Final. Folleto Núm. 4. La Habana. Imprenta de J. Huguet. 1901.
– Muñoz Gutiérrez, Ricardo y Cento Gómez, Elda: Salvador Cisneros Betancourt: palabras contra la Enmienda Platt. Editorial Ácana, Camagüey, 2002.
– Pichardo, Hortensia: Documentos para la Historia de Cuba. T. II. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1969.
[1] Salvador Cisneros Betancourt: Llamamiento al pueblo americano a favor de Cuba. Folleto 2°. p. 14. En Muñoz Gutiérrez, Ricardo y Cento Gómez, Elda: Salvador Cisneros Betancourt: palabras contra la Enmienda Platt.. p. 117.
[2] Salvador Cisneros B. Resultado Final. Folleto Núm. 4. p. 24-25. En Muñoz Gutiérrez, Ricardo y Cento Gómez, Elda: Salvador Cisneros Betancourt: palabras contra la Enmienda Platt. p. 144.
[3] Salvador Cisneros Betancourt: Voto particular contra la Enmienda Platt. 15 de marzo de 1901. En Hortensia Pichardo. Documentos para la Historia de Cuba. T. II. p. 135, En Muñoz Gutiérrez, Ricardo y Cento Gómez, Elda: Salvador Cisneros Betancourt: palabras contra la Enmienda Platt. p. 170.


