Sus gritos de auxilio no me dejaron disfrutar del chocolate, los escuchaba pedirme ayuda, no los veía, hasta que finalmente descubrimos desde dónde venía el llanto.
Puede parecer una novela de Agatha Christie, pero es la triste realidad, en un contenedor de basura, en la intersección de las céntricas calles Independencia y General Gómez, a la vista de todos, manos despiadadas arrojaron tres gatitos cercanos al mes de nacidos.
Ante tanta indolencia no pude quedarme tranquila. Estaba en la acera de enfrente, en la Casa del Chocolate, y desde allí mismo, al descubrir el sitio de condena para los indefensos animalitos, pedí ayuda para mi esposo que ya se disponía al rescate.
Ayuda a la causa
Un bici-taxista estacionado al doblar de la esquina, ante el pedido de otra señora que se sumó al llamado, vino a ayudar.
Entre los dos hombres acostaron el tanque y con mucho trabajo, pues nadaban en aguas putrefactas y los cubrían bolsas de desechos, fueron sacando a los gatitos expuestos al sol y a la deshidratación.
En lo que buscábamos una bolsa para ponerlos se me acercó un joven para ofrecerme su gel de manos y un teléfono de un posible refugio, al no haber plazas en el sitio, decidí llevármelos y buscar un lugar donde atenderlos.
Otra señora que pasaba y vio mi angustia con los cachorros mojados sobre la acera, me regaló otras dos bolsas y finalmente, el joven que luego supe se llama Miguel, me deseó buena suerte en mi búsqueda y comentó que mi buena acción sería recompensada.
Seguimos viaje
Con los tres pequeños en la jaba, mi esposo y yo decidimos llevar a los gatitos al refugio de la buena samaritana Daymara Herrera, ubicado en el Reparto Mella, quien tiene unos 35 animales recogidos. Al verme llegar y conocer de la penosa situación, no dudó un segundo en recibir y reanimar a los recién llegados.
Los acunó en su pecho y les preparó una papilla, se quedó preparando un baño para mejorar la temperatura corporal y mientras nos poníamos al día (pues hemos trabajado juntas en este camino de la protección animal muchas veces), supe de otras causas en las que ahora labora, en aras de rescatar dos perritas maltratadas por custodios de escuelas cercanas.
De no poder dejar a los gatitos en la casa de Daymara, aun cuando mi casa es pequeña y en un segundo piso, ya pensaba llevarlos conmigo hasta mejorar su salud y encontrar un hogar para los tres hermanitos.
Mis apuntes
Al ver cuántas personas apoyaron mi decisión, sé que no estoy sola en la causa, pero me duele ver tanta maldad en algunos e indolencia en otros, al utilizar a los gatos como simple ratonera y reiterar: el gato no es para darle cariño, aquí su función es cazar roedores; o quienes ven al perro sólo como un guardián y manifiestan: no es de la casa, su lugar es el patio para cuidarlo.
Siempre es oportuno recordar que ya existe una ley para la protección animal, y espero pronto la hagan cumplir. Pero si usted no gusta de los animales, no tiene por qué maltratarlos, menos abandonarlos o condenarlos a la muerte; como a esos tres barcinos.
Con esta crónica amarga no espero recompensa alguna, pero sí hago un llamado a los sentimientos de los camagüeyanos, y al respeto por la vida de cualquier criatura de la naturaleza.
Ante esta desagradable vivencia de hoy, apelo al recuerdo de nuestro querido Eusebio Leal, quien siempre decía que, si por cada edificio restaurado, salvamos al menos un animal, el mundo sería un mejor lugar.


