Desayunar con Fidel, una sorpresa para Paquito

Foto: Cortesía del entrevistado
Share on facebook
Share on twitter

Por: Enrique Atienzar Rivero  

Dos agentes de la Seguridad Personal por orden de su superior llegaron hasta donde estaba aquel adolescente, muy conocido por los trabajadores del aeropuerto Ignacio Agramonte.Frente a él, uno de ellos dice: “Vamos para que desayunes con Fidel”.

Francisco López Domínguez (Paquito), con apenas quince años, quedó perplejo por imaginar que pudiera sentarse en una mesa para cuatro personas, en el comedor del restaurante Verdum, y frente a frente al Líder de la Revolución, adesayunar.

En aquellos días de enero, por una y otra razón, Fidel frecuentaba el aeródromo, que el muchacho empezó a ver con cuatro años al mudarse sus padres, desde La Habana, donde nació el 16 de junio de 1943, hacia Camagüey y asentarse en una casa de madera no muy lejos, al fondo del Aero Club.

Durante el relato, el entrevistado se trasladó mentalmente a su llegada a esos predios, donde el padre levantó la casa con madera de tablas de júcaro y vagones del ferrocarril, donde trabajaba el padre como secretario de Gustavo Pellón Acosta. Este había sido presidente de Ferrocarriles del Norte de Cuba y Ferrocarriles Consolidados de Cuba desde 1948 hasta el 4 de febrero de 1958.

“Desde chiquito como no había otro lugar adonde ir, empecé a elaborar avioncitos de papel, con todos los requerimientos, volarlo y hacerlo aterrizar”.

Con tal iniciativa trilló el camino para empeños mayores, haciéndose amigo de los hermanos Hernández, dueños de avionetas que salían a fumigar  plantaciones de arroz  y le propusieron, en determinados momentos, chequear el motor de la nave cada veinticinco horas de vuelo, extraer las bujías, limpiarlas y algunas compartimentaciones del carburador. Cuando llegaba la reparación, confiaban el desarme.

En otro momento, lo llevaban a la costa sur a realizar allí el chequeo de 25 y 50 horas, viajando Paquito  hacia la arrocera Aguilera, con un pie dentro de la nave y el otro puesto en el sistema de las barras que sostienen las alas. Hubo momentos que le dijeron: “Vamos bicho y me daban el timón”.

La historia de manera sintetizada la contó a Fidel, cuando este le preguntó: ¿Qué hacía, cuál era sus nexos con el aeropuerto?

No escapa los vínculos hechos con los compañeros del G-2, el despeño de instructor militar de las milicias en el lugar, de las enseñanzas de marchas y de las voces de mando.

Nació para con facilidad operar armamentos de fusileríade distintos calibres  y con el tiempo llegó a convertirse en campeón nacional de tiro deportivo.

“Sentado en la mesa con Fidel, me preguntó qué hacía en el aeropuerto, si me gustaba la aviación y le confié que sí, pero no los trenes. Le tenía miedo a las locomotoras gigantes de vapor”.

Paquito calcula que el encuentro duró nunca menos de treinta minutos y Fidel volvió a insistir  en la idea:”¿Te gusta la aviación? Estúdiala”.

Un accidente en la limpia de El Escambray impidió estudiar para piloto en la URSS o en China. Siguiendo las huellas de sangre de un bandido alzado herido, Paquito se  precipitó  por un barranco ocho o diez metros abajo, con severas implicaciones en la columna vertebral, que le impedían caminar y obligaron a operarlo y veinticinco años después, fue de nuevo al salón por trabársele la pierna izquierda al caminar.

Un segundo momento

En el palacio provincial de pioneros “Camilo Cienfuegos”, donde con los años se desempeñó como subdirector general y director de la institución, llegó Fidel el 17 de diciembre de 1974 y accedió por la entrada principal de la carretera de Santa Cruz del Sur, acompañado de los Comandantes Raúl Curbelo Morales y William Gálvez.

El primero en atender a Fidel fue Manuel Mendiola, director general, pero como Paquito tenía dominio de todo lo que acontecía en el palacio, en la escuela de guías de pioneros y en el campamento donde hacían vida los pequeños, solicitaron la presencia suya.

Antes de llegar al área del círculo de interés de química azucarera, donde se hallaba Fidel, uno de los escoltas preguntó hacia dónde se dirigía: “Soy el director del palacio. El que está allí es el director general y me ocupo de varios frentes”.

“El, refiriéndose a Fidel, explica Paquito,  preguntó por la cantidad de niños, lugar donde reciben las clases, números de círculos de interés y capacidad de diez grupos, aunque algunos, como este de química azucarera, que no llama mucho la atención, la cifra es menor.”

“Fue un vivencia inolvidable y como se ve en la foto alrededor de él se hallaban varios pioneros”.

El 22 de noviembre de 1974 fue la tercera ocasión en estar próximo a Fidel. Acompañó a un grupo de pioneros, vestidos de gala, que fueron hasta el polígono nacional de las FAR, Ignacio Agramonte, en Paso de Lesca, a entregar ramos de flores a los visitantes foráneos que participaban en la clausura de maniobra militar, dedicada al aniversario 150 de la victoria de Ayacucho.

Desdichadamente, después la figura militar de más alto nivel en representación de Chile, Augusto Pinochet, traicionó a Salvador Allende y desencadenó una estela de torturas.

La cuarta ocasión de estar cerca de Fidel fue en la visita al central Batalla de Las Guásimas, en Vertientes, acompañando en un segundo escalón la protección al líder revolucionario.

Cuba si, yanquis no.

En 1960 en la nave que viajaba el colombiano Alejandro Gómez Noa, autor de la canción: “Cuba sí, yanquis, no, de tránsito hacia La Habana, para asistir a la celebración, se vio obligada a realizar una escala en el aeropuerto de Camagüey.

No cesaba de tocar el acordeón y de interpretar piezas suyas que atrajeron tanto a los pasajeros y otras personas, como a Paquito, quien hizo confianza con él.

Más de una vez se vieron en el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, en La Habana, institución que presidió durante muchos años en Camagüey.

En ocasión de celebrarse en La Habana del I Encuentro Mundial de Amistad, auspiciado en el año 2000 por esa organización no gubernamental, volvió a encontrarse con el creador de la obra musical que revolucionó Latinoamérica y muchos países en el mundo.

La oportunidad fue ideal para obsequiarle el colombiano un pullover con la imagen suya y de Fidel, tomada en julio de 1960 durante la celebración del I Congreso de Juventudes Latinoamericanas, que inauguró el Che en el antiguo teatro Chaplin y clausuró Fidel en el estadio de béisbol Latinoamericano en barrio del Cerro y él, a petición de Fidel, cantó varias piezas musicales.

En el encuentro del 2000, Gómez de tanto cantarprácticamente se quedó sin voz e invitó a Paquito, como se sabía la letra, a cantarlamientras él lo acompañaba al piano.

La celebridad de este humilde hombre es que fue leal a sus principios, entrañable amigo de Cuba, quien en los días más difíciles de su vida, aquejado de serios problemas de salud la Revolución le tendió la mano, fue chequeado y recibió las mejores atenciones médicas especializadas.

Fue dolorosa la noticia: El 10 de septiembre de 2014, falleció a los 79 años víctima de un infarto en su casa de Tunja, en el central departamento de Boyacá.

Epílogo

La muerte de Fidel fue un golpe demoledor para Paquito: ¡Claro, como no, para mí y para muchos hombres y mujeres de bien en el mundo!”

En el centenario de su natalicio, el próximo 13 de agosto, acompañemos a Fidel haciendo las cosas bien, como el pedía y sin ceder un ápice frente al enemigo yanqui.

 

Más relacionados